Uno de los trastornos más comunes que pueden afectar a nuestro amigo peludo es el de la coprofagia canina, el cual consiste en que se come sus propios excrementos o los de otros animales. Es un problema que puede llevarle a tener serios problemas en su sistema digestivo, hasta el punto de que podría acabar con infecciones graves que comprometerían su salud e incluso su vida, además de suponer un riesgo sanitario para las personas que conviven con él.
Veamos qué es la coprofagia canina, cuáles son las posibles causas, qué consecuencias tiene para la salud y qué se puede hacer al respecto para que no lo haga más.
Tipos de coprofagia canina

Existen tres tipos de coprofagia, que son:
- Autocoprofagia: cuando el perro consume sus propios excrementos. Es frecuente en perros jóvenes y en animales que han sido castigados por defecar en lugares inadecuados.
- Coprofagia intraespecífica: cuando consume los excrementos de otros perros. Suele relacionarse con problemas de conducta, sumisión o imitación de otros canes.
- Coprofagia interespecífica: cuando consume los excrementos de otros animales, como gatos, conejos o herbívoros. Muchas veces se debe a que estas heces contienen restos de nutrientes y proteínas que les resultan muy apetecibles.
Los dos últimos son los más peligros, puesto que si el «propietario» de dichas heces está enfermo, le puede contagiar al nuestro mediante bacterias, virus, hongos o parásitos intestinales. La cuestión es, ¿por qué come heces? ¿Acaso no le gusta la comida que le damos? Es posible, pero las causas son mucho más amplias y complejas, y conviene conocerlas con detalle.
Qué es la coprofagia canina y por qué es tan común

La coprofagia se incluye dentro de los trastornos denominados pica, es decir, la ingestión de sustancias que no forman parte de la alimentación habitual de la especie. Dentro de estos trastornos, la coprofagia es el más frecuente en perros, sobre todo cuando son cachorros.
El único comportamiento coprofágico que se considera normal y adaptativo es el de la madre que come las heces de sus cachorros durante las primeras semanas de vida. Lo hace para mantener el nido limpio, reducir la presencia de patógenos y no atraer depredadores. Es una conducta fijada por selección natural y que también se observa en lobos y otros cánidos salvajes.
En muchos perros jóvenes la coprofagia aparece en esta etapa «infantil» y puede desaparecer por sí sola al hacerse adultos. Sin embargo, en otros casos se mantiene en el tiempo y se convierte en un hábito persistente que requiere intervención veterinaria y de educación canina.
Existe la creencia de que los perros se comen sus excrementos porque les faltan vitaminas o minerales. Aunque a veces hay carencias nutricionales detrás, la mayoría de casos se relacionan con problemas de conducta, manejo inadecuado, estrés o enfermedades digestivas. Por eso es tan importante identificar bien la causa con ayuda de un profesional.
Causas de la coprofagia canina

Hay varios motivos por los cuales un perro puede terminar comiéndose sus heces o las de otros animales. De forma general se pueden agrupar en causas conductuales y causas médicas.
Estrés, ansiedad y problemas emocionales
Es una de las causas más frecuentes. Debido a nuestro estilo de vida, a menudo no le dedicamos todo el tiempo que realmente necesita, y cuando estamos con él o lo sacamos a pasear a veces estamos tan estresados que no disfrutamos de su compañía tanto como quisiéramos. Todo esto el can lo nota, y una manera de hacernos ver que no estamos haciendo las cosas bien para con él es comerse heces u otros elementos inadecuados.
La coprofagia también puede aparecer en perros con ansiedad por separación, que pasan muchas horas solos o sin suficiente estimulación física y mental. En estos casos, comer heces puede ser una forma de aliviar el malestar o de llamar la atención de su familia, aunque esta atención sea negativa.
¿Qué hacer? Dependerá de la situación de cada uno/a. A veces viene bien tomarse unas vacaciones y reflexionar sobre la vida que llevamos, tanto por nuestro bien como por el de nuestro perro. En otros casos será necesario acudir a un etólogo o educador canino que nos ayude a trabajar la ansiedad, el apego y la gestión del estrés.
Comportamiento aprendido e imitación
Los cachorros pueden aprender a comer heces al observar a su madre limpiando el nido o al imitar a otros perros que ya tienen este hábito. También es frecuente que las ingieran nada más producirlas para hacerlas desaparecer si han defecado en un lugar inadecuado y en el pasado han sido reñidos o castigados por ello. Para el perro, comerlas es una forma de «borrar las pruebas» y evitar el castigo.
Por eso, es fundamental evitar los castigos físicos o los gritos cuando el perro se equivoca al hacer sus necesidades. El refuerzo positivo y la paciencia son mucho más eficaces para enseñar dónde debe hacerlo y para prevenir la coprofagia de origen emocional.
Dieta inadecuada y deficiencias nutricionales
Si le damos un pienso que no tiene todos los nutrientes necesarios o en la cantidad suficiente, el riesgo de que nuestro amigo se coma sus heces o las de otros animales es muy alto. Las dietas de baja calidad pueden provocar mala absorción de nutrientes o una deficiencia crónica de enzimas digestivas, de modo que las heces contienen todavía muchos restos de alimento apetecibles.
Para evitar que esto suceda, es muy recomendable darle una dieta natural, ya sea Barf, Naku, Summum, o bien optar por piensos como Orijen, Acana, Taste of the Wild u otro que no tenga cereales ni subproductos y esté bien formulado. En algunos perros el veterinario puede valorar el uso de suplementos enzimáticos o vitamínicos si detecta carencias.
Problemas digestivos y enfermedades médicas
Algunas patologías favorecen la aparición de coprofagia, bien porque producen hambre excesiva o porque impiden una correcta absorción de nutrientes:
- Insuficiencia pancreática exocrina: el páncreas no produce suficientes enzimas digestivas y el perro no digiere bien los alimentos.
- Síndrome de mala absorción intestinal y otras enfermedades del intestino delgado que hacen que los nutrientes se pierdan por las heces.
- Diabetes mellitus, hipertiroidismo o síndrome de Cushing, que incrementan el apetito de forma notable.
- Parásitos intestinales (lombrices, giardias, etc.), que roban nutrientes y generan sensación constante de hambre.
En estos casos, el perro puede ingerir heces como un intento instintivo de compensar la carencia de nutrientes o energía. Por eso, cuando aparece coprofagia es imprescindible acudir al veterinario para descartar o tratar estas enfermedades.
Entornos sucios, aburrimiento y búsqueda de atención
La falta de higiene en el lugar donde vive el perro, con heces acumuladas en patio, terraza o cheniles, favorece mucho que termine comiéndolas, simplemente porque las tiene siempre a su alcance. Igualmente, un perro que pasa muchas horas sin juegos ni interacción puede comerse su caca para entretenerse, llegando incluso a jugar con ella antes de ingerirla.
Muchos perros recurren a esta conducta para llamar la atención de sus tutores. Saben que cuando comen heces, su familia reacciona de forma intensa, y eso para ellos es mejor que la indiferencia. Aquí la clave será ofrecer atención de calidad en otros contextos y no reforzar, aunque sea sin querer, el comportamiento coprofágico.
Le gusta el sabor
Lo sé, parece increíble, pero es así. El perro puede comerse las heces simplemente porque le gustan. Esto sucede sobre todo con heces de gatos, de herbívoros o de animales muy bien alimentados, ya que pueden contener proteínas y grasas parcialmente digeridas que resultan muy sabrosas para el perro.
Para evitarlo, te aconsejamos leer este artículo y, además, trabajar el adiestramiento con órdenes como «deja» y «ven», mantener el entorno limpio y, si es necesario, usar productos que cambian el sabor u olor de las heces para que sean menos atractivas.

Riesgos y consecuencias de que el perro coma heces

La coprofagia no solo es desagradable, también puede suponer un grave riesgo para la salud del perro y, en algunos casos, para la de las personas:
- Enfermedades infecciosas y parasitarias: ingestión de bacterias (como Salmonella o E. coli), virus, hongos y huevos de parásitos intestinales.
- Irritación y trastornos gastrointestinales: vómitos, diarreas agudas o crónicas, dolor abdominal y alteraciones en la flora intestinal.
- Problemas de malabsorción cuando la causa es digestiva, que empeoran el estado nutricional del perro.
- Zoonosis: algunos patógenos presentes en las heces pueden transmitirse a personas, sobre todo a niños, ancianos, embarazadas o personas inmunodeprimidas.
Además, a nivel social y emocional, la coprofagia puede generar rechazo, frustración y vergüenza en la familia, deteriorando el vínculo con el perro y dificultando la convivencia y las interacciones con otras personas y animales.
Tratamientos y soluciones para la coprofagia canina

Abordar la coprofagia requiere un enfoque integral que combine revisión veterinaria, cambios en la dieta, mejora del entorno y trabajo de educación.
Consulta veterinaria y abordaje médico
Visitar al veterinario es fundamental para descartar problemas de salud subyacentes que puedan estar causando la coprofagia. El profesional podrá realizar un examen clínico completo y, si es necesario, pruebas como análisis de sangre, orina y heces para detectar parásitos, enfermedades hormonales o trastornos digestivos.
Si se identifica una causa médica, el tratamiento puede incluir medicación específica, desparasitación, suplementos enzimáticos o ajustes en la alimentación. Cuando el perro está sano y la causa es conductual, el veterinario puede derivar a un etólogo o educador canino.
Cambios en la dieta y suplementos
La alimentación juega un papel crucial en la gestión de la coprofagia. Es importante ofrecer un alimento completo, equilibrado y de alta calidad, adaptado a la edad, tamaño y nivel de actividad del perro. En algunos casos se recomienda repartir la ración en dos o tres tomas diarias para reducir la sensación de hambre.
Algunos suplementos, siempre bajo recomendación profesional, pueden ayudar a mejorar la digestión y la absorción de nutrientes, reduciendo el interés por las heces. Existen también productos que, añadidos al alimento, hacen que las heces tengan un olor y sabor desagradables para el perro.
Higiene del entorno y control de paseos
Mantener lo más limpia posible la zona donde se encuentra el perro es básico:
- Retirar las heces de inmediato en casa, jardín o patio para que no tenga acceso a ellas.
- Durante los paseos, elegir zonas limpias y supervisar de cerca al perro, usando correa para poder redirigirlo si intenta comer algo del suelo.
- En casos graves, se puede valorar el uso de un bozal de cesta como medida temporal mientras se trabaja el problema.
Adiestramiento y refuerzo positivo
El entrenamiento es una herramienta muy eficaz para reducir la coprofagia:
- Enseñar órdenes como «deja» o «ven» para poder interrumpir al perro cuando se acerque a heces.
- Reforzar con premios, caricias o elogios cada vez que ignore las heces o responda correctamente a la orden.
- Evitar los castigos y reacciones exageradas, que solo aumentan el estrés y pueden empeorar el problema.
Si tu perro sufre de autocoprofagia, es interesante que una vez hace sus necesidades, lo acostumbres a recibir un premio por tu parte; de este modo conseguirás su atención y que se olvide en ese momento de hacer lo que no debe. El refuerzo positivo bien aplicado es la base para cambiar conductas.
Evitar el aburrimiento y mejorar el bienestar
Para muchos perros, la coprofagia está ligada al aburrimiento, la soledad y la falta de estimulación ambiental. Para prevenirlo:
- Proporciona paseos diarios suficientes, juegos de olfato, juguetes interactivos y sesión de juego con la familia.
- Alterna rutas de paseo y actividades para mantenerlo mentalmente activo.
- Si pasa muchas horas solo, valora servicios como guarderías caninas, paseadores o residencias donde cuiden también su bienestar emocional.
Cuando se combina una buena revisión veterinaria, una alimentación correcta, higiene, entrenamiento y más atención diaria, la mayoría de perros con coprofagia mejoran mucho su comportamiento y pueden volver a disfrutar de una vida sana y equilibrada junto a su familia.
Esperamos que ahora puedas comprender mejor por qué tu perro puede comer heces y qué pasos prácticos y seguros puedes tomar para evitarlo. Si la conducta persiste, consulta con tu veterinario o un especialista en conducta canina para un plan personalizado.