Qué hacer si a mi perro le da un ataque epiléptico y cómo cuidarlo

  • La epilepsia en perros es un trastorno neurológico frecuente, a menudo hereditario, que provoca convulsiones recurrentes y requiere diagnóstico veterinario.
  • Antes, durante y después del ataque es clave mantener la calma, asegurar el entorno, no sujetar al perro ni meter la mano en su boca y vigilar la duración de la crisis.
  • El tratamiento se basa en fármacos antiepilépticos recetados por el veterinario y en revisiones periódicas para ajustar dosis y controlar efectos secundarios.
  • Con medicación adecuada, entorno seguro y rutinas estables, la mayoría de los perros epilépticos pueden disfrutar de una buena calidad de vida.

Epilepsia en perros

La epilepsia es una enfermedad neurológica, con frecuencia de origen hereditario, que afecta a muchos perros. Es especialmente habitual en razas como el Pastor Alemán, Basset Hound, San Bernardo, Caniche, Beagle y Setter, entre otras, aunque esto no significa que los perros mestizos estén a salvo. Por eso es importante estar siempre muy atentos, sobre todo cuando son cachorros o adultos jóvenes, que es cuando suelen aparecer los primeros ataques epilépticos.

En este artículo te explicaremos qué hacer si a tu perro le da un ataque epiléptico, qué tipos de epilepsia existen, cómo reconocer las distintas fases de la crisis, qué tratamientos se utilizan y cómo cuidar en el día a día a un perro epiléptico para que mantenga una buena calidad de vida.

¿Qué es la epilepsia en perros y por qué se produce?

La epilepsia en perros se origina por alteraciones en la formación y transmisión de estímulos nerviosos en determinadas zonas del cerebro. Grupos de neuronas descargan impulsos eléctricos de forma anómala y simultánea, lo que provoca las convulsiones y los demás signos que observamos durante el ataque.

Desde el punto de vista veterinario se diferencia entre:

  • Epilepsia idiopática o primaria: no se detecta una lesión concreta en el cerebro, suele tener componente genético y aparece con más frecuencia en perros jóvenes y en determinadas razas predispuestas.
  • Epilepsia adquirida o secundaria: se debe a problemas estructurales o metabólicos, como traumatismos craneales, tumores cerebrales, malformaciones, infecciones del sistema nervioso, alteraciones hepáticas o renales, intoxicaciones, hipoglucemias u otros trastornos metabólicos.

En ambos casos, cuando los ataques se repiten separados por más de 24 horas hablamos de epilepsia. Si el episodio aparece de manera aislada, puede tratarse de una crisis epiléptica puntual asociada a otra enfermedad y no de una epilepsia crónica.

Fases del ataque epiléptico y señales de aviso

La mayoría de perros con epilepsia atraviesan varias fases bien diferenciadas en cada episodio convulsivo. Conocerlas ayuda a anticiparse al ataque y a actuar con mayor seguridad.

  • Fase prodrómica: horas o incluso días antes del ataque pueden aparecer cambios de comportamiento, como inquietud, búsqueda de atención, nerviosismo o alteraciones en el sueño y el apetito.
  • Aura: son los minutos previos a la crisis. El perro puede mostrar ansiedad intensa, desorientación, temblores, gemidos, vómitos leves o intentar esconderse. En esta fase muchos cuidadores notan que “algo no va bien”.
  • Periodo ictal: es el ataque epiléptico en sí, con convulsiones, caídas y otros signos neurológicos. Suele durar entre uno y tres minutos, aunque puede parecer mucho más largo.
  • Periodo postictal: tras el ataque, el perro queda cansado, confuso y desorientado, puede tener sed y hambre intensas, caminar en círculos o presentar ceguera temporal. Esta fase puede prolongarse desde minutos hasta varias horas.

¿Cómo saber si le va a dar un ataque?

Sabremos, o al menos sospecharemos, que a nuestro amigo le está a punto de dar un ataque si se muestra más nervioso e inquieto de lo habitual, si nos sigue de forma insistente, parece asustado sin motivo, se esconde o presenta una conducta extraña que no encaja con su carácter normal. Muchos perros con epilepsia también pueden tener vómitos, salivación excesiva, micción involuntaria o cambios súbitos de ánimo justo antes de la crisis.

Cuando eso ocurra, tenemos que llevarlo inmediatamente a una habitación segura, y apartarle objetos de tal manera que no se pueda hacer ningún daño si pierde el equilibrio o cae al suelo. Es aconsejable alejar muebles con esquinas, lámparas, juguetes duros u otros elementos con los que pueda golpearse.

Hay que colocarlo preferiblemente en el suelo, pero sobre una colchoneta o cojines. Otra opción sería ponerlo en la cama, siempre que no haya riesgo de caída. En cualquier caso, no hay que dejarlo solo en ningún momento, ya que podría darse un golpe, caerse de un lugar elevado o quedar atrapado entre muebles.

Síntomas más frecuentes durante la crisis

Durante el ataque epiléptico pueden aparecer diversos síntomas neurológicos, que varían en intensidad según el tipo de convulsión:

  • Caída repentina al suelo con pérdida de control de la postura.
  • Rigidez de las extremidades y movimientos de “pedaleo”.
  • Convulsión muscular generalizada o localizada en una parte del cuerpo.
  • Salivación excesiva o espuma en la boca.
  • Movimientos de masticación o chasquidos de mandíbula.
  • Orina y heces involuntarias durante el episodio.
  • Vocalizaciones intensas, gemidos o ladridos sin motivo aparente.
  • Pérdida de conciencia o desconexión del entorno.

En las convulsiones llamadas focales los signos pueden limitarse a una zona concreta, como contracciones de un labio, parpadeos rápidos o movimientos anómalos de una extremidad, mientras que en las generalizadas se ve afectado todo el cuerpo.

¿Cómo actuar durante el ataque epiléptico?

Aunque tengamos la tentación de sujetarlo, no hay que hacerlo nunca. El perro no controla sus movimientos y podríamos causarle una fractura, una lesión muscular o incluso lesionarnos nosotros al intentar inmovilizarlo. Tampoco hay que meter la mano en su boca ni intentar sacarle la lengua, pues podría mordérsela o mordernos sin ser consciente de ello.

Lo que sí tenemos que hacer es tratar de mantener la calma. Es muy doloroso ver a un ser querido sufrir un ataque epiléptico, pero los nervios no nos servirán de nada. Debemos:

  • Retirar objetos peligrosos alrededor del perro para que no se golpee.
  • Proteger su cabeza con una toalla o cojín cerca, sin forzar la postura.
  • Anotar o cronometrar la duración de la convulsión, ya que la información sobre el tiempo es muy importante para el veterinario.
  • Reducir ruidos y luces intensas, creando un ambiente lo más tranquilo posible.

Si es posible, grabar un vídeo del episodio puede aportar datos muy valiosos para el diagnóstico posterior. Una vez haya terminado el ataque, lo dejaremos que se recupere en un lugar tranquilo, sin agobiarlo con caricias excesivas hasta que esté completamente consciente y responda de forma normal.

Cuándo es una urgencia veterinaria

Aunque muchas crisis son breves y se resuelven solas, en determinados casos se considera una emergencia veterinaria y hay que acudir al centro más cercano sin esperar:

  • Si el ataque dura más de cinco minutos seguidos.
  • Si el perro sufre varias convulsiones encadenadas sin recuperarse entre ellas (convulsiones en racimo o status epilepticus).
  • Si es la primera vez que tiene un ataque y el estado general es muy alterado.
  • Si sospechamos una intoxicación o ha podido ingerir algún producto tóxico.
  • Si tras la crisis el perro presenta dificultad respiratoria severa o no recupera la conciencia.

En todos estos supuestos es fundamental llamar al veterinario o al servicio de urgencias durante el traslado para que pueda orientarte y preparar la atención necesaria.

Tratamiento de la epilepsia en perros

La epilepsia en perros no suele ser una enfermedad que acabe de forma directa con la vida de los animales que la padecen, pero sí que puede reducir su calidad de vida si no se controla adecuadamente. Por ello, es muy recomendable llevarlo al veterinario tras los primeros episodios para realizar un estudio completo y pautar el tratamiento más apropiado.

El manejo suele basarse en medicamentos antiepilépticos que disminuyen la frecuencia, intensidad y duración de las crisis. Entre los fármacos más utilizados en medicina veterinaria se encuentran el fenobarbital, el bromuro de potasio, el levetiracetam, la zonisamida, la imepitoína y, en casos concretos o como medicación de emergencia, las benzodiacepinas como el diazepam. La elección y combinación dependen del tipo de epilepsia, la edad del perro, sus enfermedades asociadas y la respuesta al tratamiento.

Estos fármacos deben administrarse de forma regular y constante, sin saltar dosis ni suspenderlos de golpe, ya que podría desencadenarse una crisis grave. Además, requieren revisiones veterinarias periódicas con análisis de sangre para ajustar la dosis y controlar posibles efectos secundarios, especialmente sobre hígado y riñones.

Tratamiento de la epilepsia en perros

Cuidados diarios y calidad de vida del perro epiléptico

Además de la medicación, el éxito a largo plazo depende de una buena rutina de cuidados en casa. Es aconsejable:

  • Mantener una rutina diaria estable de paseos, comidas y descanso, evitando cambios bruscos.
  • Proporcionar una dieta equilibrada y evitar alimentos o sustancias potencialmente tóxicas.
  • Crear en el hogar espacios seguros, sin riesgo de caídas por escaleras ni golpes contra muebles afilados.
  • Llevar un registro de los ataques anotando fecha, duración, síntomas y posibles desencadenantes.
  • Reducir, en la medida de lo posible, las situaciones de estrés intenso que puedan favorecer las crisis.

Con un diagnóstico adecuado, tratamiento bien ajustado y estos cuidados, muchos perros con epilepsia pueden llevar una vida larga, activa y feliz. No dejes que la epilepsia impida que tu perro disfrute de su día a día; con el apoyo de tu veterinario y un buen manejo en casa, es posible controlar la mayoría de los casos y convivir con la enfermedad de forma segura.