Llega uno de los mejores momentos del día: pasear con tu perro. Sacas la correa, y el arnés si lleva, se lo pones, abres la puerta y empezáis a andar. De repente, notas una ligera tensión en la correa: tu amigo se ha sentado o se ha quedado quieto. En su mirada se ve que no le apetece caminar, lo cual es curioso porque se ha pasado gran parte del día en casa. Pero no, no quiere pasear. En este momento, seguro que te preguntas qué hacer si mi perro no quiere andar, ¿verdad?
Lo cierto es que hay muchos motivos por los cuales un perro puede negarse a caminar: puede estar cansado, sentir dolor, tener miedo a la calle, al arnés o a la propia idea de salir, o incluso estar abrumado por la cantidad de estímulos. De todos ellos vamos a hablar con detalle en esta ocasión, para que puedas entender mejor a tu compañero y ayudarle sin forzarle.
Está cansado/a

Especialmente si es un cachorro, lo más normal es que haya dejado de caminar porque está física o mentalmente cansado. Los cachorros se sobreexcitan con facilidad, reciben muchos estímulos nuevos y su capacidad de concentración es limitada. Aunque parezca que aún tiene energía para jugar, puede sentirse saturado con el entorno exterior.
En estos casos lo mejor que se puede hacer es dar media vuelta y volver a casa. Si el perro es de tamaño pequeño, lo ideal es llevarlo en brazos, pero si es mediano o grande, se le puede animar a dar unos últimos pasos con golosinas para perros muy apetecibles y con palabras como «vamos chico/a», «venga vamos», «vamos a casa» dichas en un tono alegre y relajado, sin tirones.
En perros adultos o mayores, la fatiga puede deberse también a falta de forma física, sobrepeso o edad avanzada. Si observas que se cansa antes de tiempo, que respira con dificultad o que cada día acorta más el paseo por decisión propia, conviene comentar la situación con el veterinario para descartar problemas de salud como artrosis, dolor articular o cardiopatías.
Recuerda adaptar siempre la duración e intensidad del paseo a la etapa de vida de tu perro: rutas más cortas y tranquilas para cachorros y perros senior, y paseos algo más largos y variados para adultos sanos, siempre sin llegar a sobreesforzarlos.
Le tiene miedo al ruido de la calle

Esto es muy común si no se ha socializado bien cuando era cachorro o si ha tenido alguna experiencia negativa con petardos, tráfico intenso, obras o gritos. El can lo que hará será tratar de decirte, como sea, que le tiene miedo al sonido de los coches y/o de las motos, o a todo el ambiente urbano.
Normalmente lo que hará será gemir como si quisiera llorar, saltar sobre ti, quedarse bloqueado mirando a un punto fijo, intentar escapar o tirar con fuerza hacia casa y mostrarse muy nervioso e inquieto. A veces incluso puede temblar o jadear aunque no haga calor.
En esta situación, lo más recomendable es no forzar el paseo en ese momento. Podemos dar media vuelta y, en los días siguientes, empezar a acostumbrarlo de forma gradual a los sonidos, siempre a un nivel que pueda gestionar. El objetivo es que deje de verlos como una amenaza y los asocie a algo positivo.
Para ello tendremos que llevar con nosotros una bolsa con premios que le encanten: salchichas, golosinas muy olorosas (como las de bacon) o cualquier otro tipo de comida blanda que sepamos que le guste. Lo que haremos con ellas será lo siguiente: cada vez que veamos que se acerca un coche o una moto, le mostraremos unas golosinas al can, y justo cuando se acerque el vehículo, se las daremos. Así pronto entenderá que, aunque pasen automóviles y haya ruidos, no va a pasar nada malo e incluso llegan cosas agradables.
Este proceso se llama desensibilización y contracondicionamiento: presentamos el estímulo que da miedo en intensidad baja (más lejos, menos ruido) y lo emparejamos con premios. Poco a poco, sin prisas, vamos acercándonos más a la fuente de ruido, siempre respetando el límite del perro. Lleva tiempo, pero con paciencia verás cómo va ganando confianza.
Le tiene miedo al paseo

Sí, aunque parezca mentira un perro puede sentir auténtico pavor al paseo completo, no solo a un ruido concreto. Estos animales suelen ser perros que no han sido educados de manera respetuosa o que han sufrido alguna situación traumática ya sea con la correa, en la puerta de casa, en el ascensor o bien paseando.
En estos casos, el perro puede quedarse bloqueado justo al salir de casa, negarse a cruzar el portal o detenerse siempre en el mismo punto del recorrido. También puede ocurrir que no quiera que le pongas la correa o el arnés, porque asocia ese momento con algo desagradable (tirones fuertes, castigos, sustos anteriores, visitas al veterinario, etc.).
Es fácil saber si tiene miedo a cualquiera de esas cosas: simplemente tienes que acercarle la correa, el arnés o situarte en la puerta y observar su reacción. Si se pone muy nervioso, se aleja, se esconde, se queda congelado o empieza a jadear, tendrás que tratar de conseguir que asocie todo ello con algo positivo, siempre con chuches para perros en mano, y siempre respetando al animal que se tiene delante.
Puedes empezar trabajando dentro de casa: deja la correa cerca, premia cuando se acerque, después cuando te permita ponérsela sin salir, luego da unos pasos por el pasillo con premios y calma. Cuando ese paso esté consolidado, ve a la puerta, abre sin salir, premia… y progresivamente ve ampliando la distancia hacia el exterior. El ritmo lo marca tu perro.
En caso de dudas, o si ves señales intensas de miedo (intenta huir, se orina, tiembla mucho, se bloquea completamente), es muy recomendable pedir ayuda a un adiestrador o educador canino que trabaje en positivo o a un etólogo clínico. Un profesional podrá diseñar un plan adaptado a tu caso concreto y evitar errores que empeoren la situación.
No le gusta la correa, el collar o el arnés

En algunos perros, el problema principal no es la calle, sino el equipo de paseo. Un arnés mal ajustado, un collar que aprieta demasiado o una correa muy corta pueden hacer que tu perro se sienta incómodo y no quiera caminar. También pueden producir rozaduras en axilas, cuello o pecho, de modo que el perro aprende que caminar duele.
Antes de pensar que tu perro se niega a pasear por capricho, revisa que el arnés no le oprime hombros ni garganta, que puedas meter un par de dedos entre collar y cuello y que la correa tenga la longitud suficiente para que pueda oler y explorar con algo de libertad. Muchas veces, con cambiar a un arnés en forma de Y, cómodo y acolchado, y a una correa algo más larga, el paseo mejora notablemente.
Si tu perro no está acostumbrado a llevar correa (por ejemplo, perros adoptados que han vivido siempre sueltos o cachorros en sus primeros paseos), dedica unos días a presentarle la correa de forma amable dentro de casa: deja que la huela, colócala unos minutos y prémiale cada vez que camine a tu lado sin tensión.
Siente dolor

Si tiene dolor en alguna de sus patas o en otra parte de su cuerpo, tampoco querrá caminar. En estos casos es frecuente que el tutor diga «mi perro se queda parado en la calle de repente» o que note que cojea, que se sienta más de lo habitual o que evita subir escaleras o bordillos.
Si ves que va un poco cojo, examínale la pata, ya que a veces se les puede clavar pinchos de hierbas en sus almohadillas, tener una espina, una pequeña herida o las almohadillas agrietadas por frío, calor o superficies muy rugosas. Revisa también la longitud de sus uñas, porque si están demasiado largas pueden modificar su forma de pisar y causar molestias.
Eso sí, si le cuesta mucho andar, se niega a apoyar una pata, muestra dolor al tocarle, tiene temblores, está apático o notas cualquier síntoma fuera de lo normal, lo más seguro es que se haya dado un golpe, tenga una lesión interna o algún problema articular, neurológico o muscular, por lo que no está de más hacerle una visita al veterinario de forma inmediata.
Además del dolor localizado en las extremidades, otros problemas como enfermedades cardíacas, respiratorias o gastrointestinales también pueden hacer que tu perro no quiera pasear o que se detenga a menudo. Por eso es tan importante no asumir que «simplemente es vago» y dejar que un profesional valore su estado de salud.
Otras causas por las que tu perro no quiere andar

Además de las causas ya comentadas, hay otros factores que pueden influir para que un perro se niegue a caminar o se quede parado durante el paseo. Conocerlos te ayudará a interpretar mejor su conducta y a tomar decisiones más ajustadas a sus necesidades.
- Mala socialización cuando era cachorro: si no se acostumbró de pequeño a ver otros perros, personas, bicis, coches y ruidos variados, es más probable que ahora sienta miedo o inseguridad en la calle.
- Falta de costumbre a pasear: algunos perros que han vivido mucho tiempo en espacios reducidos, o que solo salían a hacer sus necesidades rápidamente, pueden sentirse desorientados o abrumados cuando se les pide caminar más.
- Estrés o ansiedad: cambios en la rutina, conflictos en casa, la llegada de otro animal o problemas de ansiedad por separación pueden hacer que el perro esté más tenso y con menos disposición a salir.
- Falta de motivación: paseos siempre por el mismo sitio, muy cortos y sin tiempo para oler y explorar, pueden hacer que el perro no vea el paseo como algo interesante.
- Edad avanzada: los perros mayores pierden agilidad, tienen menos energía y pueden desarrollar artrosis o molestias crónicas, por lo que pueden mostrar más rechazo a caminar largas distancias.
Qué hacer si mi perro no quiere andar

Una vez que conoces los posibles motivos, es momento de aplicar algunas pautas para ayudar a tu perro a recuperar la confianza y las ganas de pasear. Lo primero es descartar problemas de salud con tu veterinario; a partir de ahí, céntrate en su bienestar emocional.
- Observa cuándo y dónde se para: fíjate si ocurre siempre en la misma calle, al ver un tipo de estímulo concreto o al alejaros de casa. Esa información te da pistas sobre qué le preocupa.
- Evita los desencadenantes en la medida de lo posible: si sabes que le asustan los coches ruidosos, busca rutas más tranquilas; si le dan miedo otros perros, procura pasear en horas con menos afluencia.
- Usa refuerzo positivo en cada pequeño avance: premia con comida, caricias o juego cada vez que acepte la correa, se acerque a la puerta, salga unos metros o avance por un lugar que antes le bloqueaba.
- No lo arrastres ni lo fuerces: tirar de la correa o regañarle solo aumentará su miedo o su incomodidad. Es mejor retroceder un paso en el entrenamiento antes que generar una experiencia traumática.
- Adapta la duración y el tipo de paseo: con perros mayores o convalecientes, prioriza rutas llanas y cortas, en horas de clima suave, y permite que marque el ritmo.
- Enriquece el paseo: cambia de rutas de vez en cuando, deja que huela con calma, incluye pequeños juegos de olfato o de búsqueda de premios para que el paseo sea más motivador.
- Pide ayuda profesional si lo necesitas: si a pesar de tus esfuerzos tu perro sigue sin querer andar, un educador canino o etólogo puede ayudarte con un plan personalizado.
Esperamos que con estos consejos tu perro vuelva a querer caminar pronto, disfrute del exterior y tú puedas entender mejor lo que te está queriendo comunicar cada vez que se detiene o se niega a salir; acompañando sus tiempos con paciencia y respeto, los paseos pueden volver a ser uno de los momentos más especiales del día para los dos.