Esta enfermedad es muy común en climas cálidos, donde son muchos los canes que se exponen a padecerla cada vez que salen al exterior. Por ello, te vamos a explicar qué hacer si mi perro tiene Leishmaniosis y cómo cuidarlo para que conserve la mejor calidad de vida posible.
El tratamiento de la Leishmaniosis sólo puede ser preventivo o sintomático, puesto que lamentablemente todavía no existe cura definitiva. Virbac sacó una vacuna que ayuda a proteger al perro, pero no es eficaz al 100%. A pesar de todo, si vives en un clima cálido es muy recomendable que lo lleves al veterinario para que valore su administración y calendario. Si no puedes optar por la vacuna, utiliza repelentes de mosquitos, ya que son los insectos que transmiten la enfermedad.
En clínicas veterinarias y tiendas de animales encontrarás collares, sprays y pipetas. La mayoría sirven para eliminar pulgas, garrapatas y ácaros, pero algunas también son muy eficaces como repelentes de mosquitos; consulta a tu veterinario cuál es el más adecuado para tu compañero peludo. Estos productos debes ponérselos aunque ya haya sido infectado para evitar que su situación empeore.

Si ves que tu perro empieza a tener lesiones en la piel, y además está perdiendo peso y apetito, lo primero que debes hacer es llevarlo a que le hagan la prueba de la Leishmaniosis. En el caso de que el resultado sea positivo, el profesional instaurará un plan para que mantenga una buena calidad de vida y para controlar la carga parasitaria.
Lo que debes hacer si a tu perro le detectan leishmaniosis

Tras el diagnóstico, establece visitas periódicas para seguimiento clínico y analítico. Es clave ajustar medicación, detectar cambios y prevenir recaídas con controles programados.
Continúa con las medidas preventivas aunque ya sea positivo: antiparasitarios externos, evitar paseos al amanecer/atardecer/noche y no permitir que duerma en el exterior en zonas endémicas.
Síntomas que suelen observarse

Muchos perros muestran signos cutáneos iniciales y sintomatología inespecífica. Consulta si detectas:
- Pérdida de peso, apatía, atrofia muscular, fiebre intermitente.
- Lesiones cutáneas, caspa, úlceras, pérdida de pelo en orejas y alrededor de ojos.
- Crecimiento excesivo de uñas, ganglios aumentados, cojera sin causa aparente.
- Signos específicos: epistaxis, alteraciones renales/hepáticas, problemas oculares.
Diagnóstico y pruebas recomendadas

El veterinario realizará serologías (ELISA, IFI), test rápido y, si procede, PCR para detectar ADN del parásito. En función del caso pueden hacerse citologías/biopsias.
Para valorar estado general y órganos: hemograma, bioquímica, análisis de orina con relación proteína/creatinina y proteinograma (útil para monitorizar recaídas).
Pronóstico y estadios clínicos

Según guías clínicas, se describen cuatro estadios que orientan pronóstico:
- Estadio I (leve): signos mínimos, anticuerpos bajos. Pronóstico bueno.
- Estadio II (moderado): lesiones cutáneas, onicogrifosis, adelgazamiento, fiebre. Pronóstico reservado.
- Estadio III (grave): afectación por inmunocomplejos (vasculares, articulares, oculares, renales). De reservado a desfavorable.
- Estadio IV (muy grave): anticuerpos altos y daño severo (síndrome nefrótico, enfermedad renal avanzada). Pronóstico desfavorable.
Tratamiento y cuidados continuados
El manejo es individualizado: suele combinar un leishmaniostático (alopurinol) con un leishmanicida (antimoniato de meglumina o miltefosina); en prevención/soporte inmune puede valorarse domperidona.
El control incluye revisiones más frecuentes al inicio y, tras la mejoría clínica, chequeos cada 6 meses con serología (p. ej., a los 3, 6 y 12 meses y luego semestralmente).
Cuidados en casa: dieta alta en antioxidantes y fácil digestión, hidratación constante, evitar frío y estrés, ejercicio moderado y champús específicos si hay lesiones cutáneas.
Prevención siempre: repelentes eficaces, evitar horas de máxima actividad del flebótomo, usar mosquiteras y valorar vacuna en pacientes seronegativos como medida adicional.
Aunque es una zoonosis, el contagio no es por contacto directo: se necesita el mosquito flebótomo. Seguir el tratamiento al pie de la letra reduce recaídas, evita resistencias y disminuye el papel del perro como reservorio.
Con diagnóstico temprano, terapias combinadas y una prevención rigurosa, muchos perros viven años con buena calidad de vida; la clave es la adherencia al plan veterinario y el control periódico.