La popularidad de las razas de perros más demandadas en Estados Unidos está viviendo un momento de cambio que no pasa desapercibido para criadores, veterinarios y amantes de los animales. Lo que durante años parecía inamovible, con el labrador retriever como rey absoluto, ha empezado a moverse con fuerza impulsado por las redes sociales, nuevas preferencias urbanas y una mayor sensibilidad hacia la salud canina.
En este nuevo escenario, bulldogs franceses, retrievers, pastores alemanes y, sobre todo, los dachshunds o téckel se reparten el protagonismo al otro lado del Atlántico. Y como suele suceder, las tendencias estadounidenses acaban llegando a Europa y España, donde cada vez se percibe más la presencia de estas razas en parques, clínicas veterinarias y, por supuesto, en Instagram y TikTok.
Así se elabora el ranking de razas más populares en Estados Unidos
La principal referencia para hablar de razas más populares en Estados Unidos es la clasificación anual del American Kennel Club (AKC), el registro de perros de raza pura más antiguo del país. Esta lista, que actualmente incluye unas 202 razas reconocidas, se basa en los registros voluntarios de cachorros y perros adultos inscritos durante el último año.
Según la última actualización, el bulldog francés sigue encabezando el ranking tras arrebatar el primer puesto al labrador retriever después de más de tres décadas de dominio ininterrumpido. Aun así, el propio AKC reconoce que se trata solo de una parte del panorama, ya que no se contabilizan ni los perros mestizos ni los llamados perros de diseño como los goldendoodles o los pomskies, que gozan de enorme popularidad fuera de los circuitos oficiales.
La lista del AKC, pese a esas limitaciones, se ha convertido en una especie de termómetro anual de la demanda de razas de perro en Estados Unidos. Criadores, profesionales del sector y organizaciones de protección animal la utilizan para detectar cambios de tendencia, anticipar posibles problemas de bienestar y, en algunos casos, para criticar la forma en la que se seleccionan y crían determinados tipos de perros.
En paralelo, la Asociación Estadounidense de Medicina Veterinaria recuerda que el país alberga más de 87 millones de perros, de los cuales solo una parte está reflejada en estos registros. Es decir, lo que aparece en el ranking es relevante, pero no describe del todo la diversidad real de la población canina estadounidense.
El top de razas en Estados Unidos: del bulldog francés al auge del dachshund
En la parte alta de la lista siguen dominando nombres muy conocidos: bulldog francés, labrador retriever, golden retriever y pastor alemán. Son razas que, con matices, llevan años repitiendo posiciones destacadas por su carácter versátil, su fama de buenos compañeros de familia y la enorme visibilidad que tienen en la cultura popular.
El caso del bulldog francés es especialmente llamativo. Esta raza de hocico corto, tamaño compacto y carácter sociable ha sido presentada durante años como el perro ideal para la vida urbana: se adapta bien a pisos pequeños, no necesita grandes dosis de ejercicio y suele mostrarse muy apegado a las personas. Sin embargo, el propio AKC ha detectado que, pese a seguir en lo más alto, el número de nuevos registros ha caído en torno a un 50 % respecto al año anterior, señal de que el boom puede estar empezando a enfriarse.
Tras él se sitúan los Labrador y Golden retriever, dos clásicos que han marcado la historia reciente de la cinofilia estadounidense. El labrador reinó durante unos 31 años consecutivos en el primer puesto, en buena parte gracias a su reputación de perro equilibrado, sociable y muy manejable para familias con niños. El golden comparte muchas de estas virtudes, añadiendo una imagen de perro afectuoso y fotogénico que también ha sabido aprovechar el tirón de las redes.
El pastor alemán continúa bien posicionado, tal y como ya ocurría hace un siglo. En la década de 1920, esta raza ya aparecía en el top 10 junto a otros clásicos como el beagle o el bulldog. Su papel como perro de trabajo, de servicio y de compañía ha contribuido a mantener una presencia estable, aunque en los últimos años ha cedido protagonismo mediático frente a razas más “de moda”.
Y entre todos estos nombres consolidados, una sorpresa: el dachshund o téckel ha logrado situarse entre las cinco razas más registradas del país por primera vez en más de veinte años, un salto que lo coloca en el centro del debate sobre la influencia de Instagram y TikTok en la elección de mascotas.
El ascenso del dachshund: del campo a la lista de moda
El dachshund, también conocido como perro salchicha o téckel, no es precisamente una novedad en el mundo canino. Se trata de una raza originariamente desarrollada para la caza de tejones y otros animales que se refugian en madrigueras: su cuerpo alargado, sus patas cortas y su temperamento decidido responden a esa función, no a un capricho estético.
Criadores con larga experiencia, como Trudy Kawami, llevan décadas trabajando con esta raza en disciplinas deportivas e incluso en tareas de control de plagas urbanas, como la caza de ratas. Kawami define a los dachshunds como perros muy expresivos y con un carácter que no deja indiferente: “te hacen reír a diario y no tienen ningún problema en mostrarte lo que piensan”. Esa combinación de físico peculiar y personalidad intensa, trasladada a vídeo, encaja a la perfección con el consumo rápido de contenidos en redes.
La reciente subida del téckel al top 5 del AKC coincide con su omnipresencia en plataformas como Instagram y TikTok, donde abundan las cuentas dedicadas a ejemplares miniatura o tipo toy, muchas veces de pelo corto y colores claros o patrones muy llamativos. Es frecuente ver variantes que no siempre están aceptadas por todos los estándares oficiales, pero que a nivel visual funcionan muy bien y generan millones de visualizaciones.
El problema, como advierten algunos expertos, es que esta exposición genera una imagen muy romantizada del perro salchicha: pequeño, manejable, gracioso, perfecto para fotos y disfraces (especialmente en fechas como Halloween). Lo que no suele aparecer en esos vídeos virales es que se trata de una raza con niveles de energía, instinto de caza y necesidades de estimulación mental muy superiores a lo que muchas personas imaginan.
Además, diversos estudios han puesto de relieve su predisposición a problemas de columna, directamente relacionados con su morfología: un lomo largo sustentado por patas cortas incrementa el riesgo de determinadas patologías vertebrales. Estos riesgos forman parte del día a día de muchos propietarios y veterinarios, pero rara vez se reflejan en el contenido más superficial de redes sociales.

Europa y España: cuando las tendencias de EE. UU. cruzan el charco
Europa cuenta con su propio mapa de preferencias, que no siempre coincide al cien por cien con el estadounidense. Distintos análisis señalan que razas como el cane corso o el border collie ocupan posiciones destacadas en el continente, en parte gracias a su versatilidad y a su creciente presencia como perros de deporte y trabajo.
En el segmento de perros de tamaño reducido o mediano, el carlino y el bulldog francés se han consolidado como dos de las opciones más visibles en muchas ciudades europeas. Su tamaño compacto, su carácter habitualmente afable y, de nuevo, su protagonismo en redes sociales han contribuido a disparar la demanda, a pesar de las advertencias sobre los problemas respiratorios asociados a los hocicos extremadamente cortos.
En España y otros países europeos empieza a apreciarse un fenómeno parecido al estadounidense con el téckel, especialmente en sus versiones más pequeñas. Veterinarios y profesionales del sector señalan desde hace algunos años un aumento notable de esta raza entre sus pacientes y clientes. Lo que inicialmente podía parecer una mera impresión subjetiva va consolidándose como una tendencia clara, visible tanto en la calle como en consultas y redes.
Este tipo de cambios no es nuevo: las modas caninas han existido siempre. Sin embargo, sí ha cambiado la velocidad a la que se producen. Lo que antes podía asentarse a lo largo de una década, ahora puede transformarse en cuestión de meses, alimentado por un flujo constante de contenidos virales, influencers y campañas publicitarias.
Para España, donde la cultura del perro de compañía está muy arraigada, el reflejo de lo que ocurre en Estados Unidos no tarda en llegar. El boom de determinados tipos de bulldog o de los retrievers se ha visto replicado aquí con cierto desfase temporal, y todo apunta a que el tirón del dachshund estadounidense seguirá teniendo eco en las ciudades europeas.
Razas emergentes y razas poco frecuentes en el radar del AKC
Más allá del top 5, el American Kennel Club ha ido incorporando nuevas razas a su lista de reconocidas desde el año 2000, superando ya las 50 incorporaciones. Algunas de ellas han escalado posiciones a gran velocidad y se han convertido en presencias habituales, como el mastín italiano, que se sitúa actualmente muy cerca de las diez razas más registradas.
Otras razas emergentes están subiendo de forma pausada pero constante. El cotón de Tulear, por ejemplo, ha pasado en poco tiempo de ocupar posiciones cercanas al puesto 90 a situarse algo más arriba en el ranking, reflejando un interés creciente por perros pequeños, de pelaje abundante y carácter sociable. El terrier americano sin pelo también ha ganado visibilidad, escalando desde la segunda mitad de la lista hacia puestos algo más elevados.
En el extremo opuesto se encuentran las razas poco frecuentes, que apenas representan una parte mínima de los registros. Entre ellas destacan el gran basset grifón vendeano, el lebrel árabe o el lundehund noruego, incorporados al registro del AKC en los últimos 15 años. Sus cifras de inscripción son todavía muy modestas, pero su mera presencia indica que hay un interés, aunque sea minoritario, por perfiles de perro menos convencionales.
Resulta curioso que, justo por encima de estas razas muy recientes en la lista, aparezca el harrier, un sabueso de caza reconocido por el AKC desde nada menos que 1885. A pesar de su larga historia, se mantiene como una de las razas menos registradas, lo que demuestra que la tradición por sí sola no garantiza la popularidad.
En Europa, la situación de estas razas raras es aún más diversa: algunas apenas son conocidas fuera de círculos muy especializados, mientras que otras han encontrado pequeños nichos de aficionados. Sin embargo, su peso en términos de popularidad general sigue siendo muy reducido frente a los grandes nombres que dominan la escena a ambos lados del Atlántico.
Cuando la popularidad oculta la cara B del bienestar
Las listas de razas más populares suelen presentarse como un juego de estadísticas, pero detrás de cada subida o bajada en el ranking hay efectos muy reales sobre el bienestar de los animales. El incremento súbito de la demanda de una raza concreta tiende a activar, casi de forma automática, mecanismos de mercado orientados a aprovechar el tirón, a veces sin tener demasiado en cuenta las consecuencias.
Organizaciones de protección animal y grupos de rescate llevan tiempo advirtiendo de que las modas, ya sea del bulldog francés, el carlino, el téckel o cualquier otra raza, van de la mano de problemas recurrentes: cría intensiva, selección basada en la apariencia antes que en la salud, falta de controles y un aumento de abandonos cuando el perro no se ajusta a las expectativas generadas por las redes.
El caso del téckel ilustra bien este desequilibrio. Su imagen dulce y fotogénica contrasta con la realidad de una raza con fuerte instinto cazador, carácter tozudo y necesidades claras de ejercicio y estimulación mental. Cuando estos aspectos se minimizan o se ignoran, es más fácil que aparezcan problemas de comportamiento, frustración tanto en el animal como en la familia y, en los peores casos, renuncias y abandonos.
Algo similar ocurre con razas braquicéfalas, como el bulldog francés o el carlino, cuya popularidad ha crecido a pesar de los bien documentados problemas respiratorios y de salud asociados a sus cráneos acortados. Muchos propietarios descubren demasiado tarde que la morfología que les resultaba tan “tierna” conlleva limitaciones graves en la vida diaria del perro, especialmente en climas cálidos o durante el ejercicio.
Por esta razón, cada vez más voces en la comunidad veterinaria europea y estadounidense insisten en que la elección de una raza debe basarse, ante todo, en criterios de bienestar y compatibilidad con el estilo de vida, y no en su posición en un ranking o en el número de “me gusta” que generan sus fotos.
PETA, el AKC y el debate sobre la cría de razas populares
El auge de ciertas razas y las consecuencias que trae aparejadas han colocado en el centro de la polémica a entidades como el American Kennel Club. La organización de defensa de los animales PETA ha sido especialmente crítica, acusando al club de promover la cría de perros con rasgos físicos poco saludables y de reducir, indirectamente, las posibilidades de adopción de los muchos perros sin hogar que llenan refugios y protectoras.
PETA llegó incluso a presentar una demanda alegando que el AKC fomenta estándares que consideran “deformantes” para algunos perros, poniendo como ejemplo razas braquicéfalas o con morfologías extremas. Según esta organización, la obsesión por determinadas características físicas, como hocicos muy cortos o cuerpos desproporcionados, implica un sufrimiento innecesario para los animales.
Como parte de su campaña, PETA ha difundido vídeos protagonizados por figuras públicas, entre ellas la comediante y guionista Carol Leifer, en los que se detallan los problemas respiratorios y de calidad de vida de los perros de hocico corto. En estos mensajes, la organización pide abiertamente que la gente deje de comprar este tipo de razas y opte, en su lugar, por la adopción responsable.
El AKC, por su parte, ha respondido defendiendo su compromiso con la salud canina y calificando la demanda de “frívola”. Portavoces como Brandi Hunter Munden insisten en que el ranking anual es simplemente una forma de satisfacer la curiosidad del público y no una invitación a adquirir perros de una u otra raza. Subrayan también que el club trabaja con criadores para mejorar la salud y el bienestar de los animales dentro de los estándares establecidos.
Aun así, el debate sigue abierto y tiene eco en Europa, donde cada vez más colegios veterinarios, asociaciones profesionales y legisladores discuten cómo compatibilizar la cría de razas de moda con un enfoque riguroso de bienestar animal. En algunos países ya se han planteado restricciones o recomendaciones específicas para la cría de perros con determinadas características físicas consideradas de riesgo.
Redes sociales, estética y decisiones apresuradas
Buena parte de lo que está ocurriendo con las razas de perros más populares en Estados Unidos y su reflejo en Europa no se puede entender sin mirar a las redes sociales. Plataformas como Instagram, TikTok o incluso Douyin funcionan con una lógica muy clara: lo visual, lo tierno y lo inmediato tiene ventaja sobre todo lo demás.
En este entorno, algunas razas encajan como un guante. Perros pequeños, con rasgos muy marcados, expresiones exageradas o cuerpos llamativos se convierten en protagonistas recurrentes de vídeos virales. Esto ocurre con el bulldog francés, el carlino, el pomerania, el téckel miniatura y otros muchos, cuyo aspecto se ha convertido casi en una marca reconocible.
El problema aparece cuando esa exposición se traduce en decisiones de adopción o compra muy poco meditadas. Elegir un perro únicamente porque resulta fotogénico o porque está de moda suele chocar pronto con la realidad: horarios laborales, espacio disponible en casa, tiempo para educarlo, nivel de actividad física que necesita o gastos veterinarios asociados a ciertas patologías.
Conviene recordar que detrás de cada raza hay un conjunto de características físicas, mentales y de salud que no desaparecen por mucho que el perro viva en un piso, en una ciudad tranquila o rodeado de comodidades. Un border collie sigue siendo un perro de trabajo con altísima necesidad de ejercicio mental; un téckel sigue siendo un cazador terco y curioso; un bulldog francés sigue cargando con los condicionantes de su anatomía.
En este contexto, organizaciones tanto en Estados Unidos como en Europa insisten en la importancia de que los futuros propietarios se informen bien antes de decidir. No se trata de demonizar ninguna raza concreta, sino de asumir que cada elección conlleva una responsabilidad a largo plazo que va mucho más allá de la estética o de la moda del momento.
Responsabilidad compartida: criadores, compradores y adopción
El aumento de popularidad de determinadas razas activa inevitablemente un mercado muy dinámico, en el que conviven criadores serios con otros que anteponen el beneficio rápido al bienestar animal. Cuando una raza se pone de moda, se vuelven más frecuentes prácticas como la cría indiscriminada, el uso intensivo de hembras reproductoras, la falta de pruebas de salud o los cruces entre ejemplares que no deberían emparejarse.
A esto se suman las estafas en la venta de cachorros, muchas de ellas a través de internet. Fotos atractivas, anuncios en redes y precios aparentemente competitivos pueden ocultar situaciones de hacinamiento, falta de atención veterinaria o incluso el traslado ilegal de animales entre países. España y otros estados europeos han tenido que endurecer la normativa para intentar frenar el tráfico de cachorros y el maltrato asociado.
En este escenario, el primer filtro debería estar en manos del propio comprador. Antes de optar por un bulldog francés, un golden retriever, un téckel o cualquier otra raza de moda, los especialistas recomiendan informarse de manera exhaustiva sobre el carácter del perro, sus necesidades físicas, los problemas de salud más frecuentes y el tipo de convivencia que requiere.
Cuando se opta por comprar, una vía básica de responsabilidad es acudir solo a criadores acreditados y respaldados por clubes caninos reconocidos, exigiendo siempre documentación que acredite el origen del animal, las pruebas de salud de los progenitores y las condiciones en las que han sido criados los cachorros. Esto no debería verse como un lujo, sino como una condición mínima para no alimentar, aunque sea sin querer, el círculo de explotación y abandono.
La adopción responsable sigue siendo otra opción fundamental, tanto en Estados Unidos como en Europa. Refugios y protectoras albergan un gran número de perros mestizos y también de raza que, por distintas circunstancias, han perdido su hogar. Para muchas familias, la adopción puede ofrecer un compañero perfectamente compatible con su estilo de vida, sin necesidad de seguir la estela de la última moda en redes sociales.
El mapa de las razas de perros más populares en Estados Unidos, con el bulldog francés todavía en cabeza y el dachshund escalando hasta el top 5, refleja mucho más que una simple preferencia estética: habla del impacto de las redes sociales, de cómo viajan las tendencias hacia Europa y de los retos que supone compatibilizar modas, mercado y bienestar animal. Con Estados Unidos actuando como termómetro y España y el resto de Europa replicando en mayor o menor medida sus patrones, la clave no está tanto en qué raza esté de moda, sino en que cada futura familia perruna asuma la información, la reflexión y la responsabilidad que implica convivir durante años con un animal que depende por completo de sus decisiones.

