Cómo regañar a tu perro correctamente sin dañarlo ni confundirlo

  • Regañar solo sirve si se hace en el momento exacto de la conducta inadecuada, nunca a destiempo.
  • Utiliza un tono firme pero calmado, sin gritos ni castigo físico, y evita usar su nombre al corregir.
  • Tras el “no”, redirige la conducta hacia una alternativa adecuada y refuérzala de forma positiva.
  • La paciencia y la coherencia en las normas son esenciales para una convivencia equilibrada y segura.

Cómo regañar a tu perro correctamente

Educar y regañar a un perro de forma correcta

Si bien es cierto que no debemos permitir ciertas conductas a nuestro perro, hay que reconocer que regañarle de la manera adecuada no es una tarea fácil ni agradable. Tenemos que encontrar el momento correcto para ello, usar un tono de voz adecuado y, por supuesto, no hay que recurrir jamás al castigo físico. Estas son las claves para regañar al can correctamente y educarlo de una forma que favorezca su bienestar y vuestra convivencia.

Qué significa realmente regañar a un perro

Regañar a un perro sin hacerle daño

Debemos entender que regañar al perro consiste en corregir su comportamiento, nunca en castigarlo con la intención de que “reflexione” como lo haría una persona. Éstos son métodos aplicables a los seres humanos, mientras que los perros aprenden mediante asociaciones inmediatas y una educación coherente, tal y como explican las principales bases de la psicología canina. En su caso, los castigos desproporcionados sólo empeoran la situación, incrementan el estrés y pueden desequilibrarlos emocionalmente.

La educación de un perro es fundamental para una buena convivencia con los humanos y otras mascotas del hogar, así como para que se relacione adecuadamente con el entorno, con otras personas y con otros animales en la calle. Un perro bien educado también se mantiene más alejado de peligros, como cruzar la carretera sin control o morder objetos dañinos.

Algunas de las nociones básicas que tu perro debe aprender incluyen hacer sus necesidades fuera de casa, acudir a ti cuando lo llamas, no morder a nadie ni nada que no sean sus propios juguetes, saber cómo evitar que el perro muerda nuestros muebles y comprender lo que significa un “no” claro. Para lograrlo, es esencial que sepas cómo regañarlo correctamente y cómo recompensar sus aciertos.

El momento adecuado para corregir a tu perro

Momento adecuado para regañar a un perro

Para empezar, de nada sirve regañar a un perro horas después de haberse portado mal. De esta forma no sabe asociar nuestra reacción con sus actos, por lo que podemos crear confusiones en su educación. Su memoria para este tipo de situaciones es básicamente a corto plazo: la corrección debe hacerse mientras está sucediendo la conducta inadecuada o justo al terminar.

Si, por ejemplo, le regañamos cuando está divirtiéndose con alguno de sus juguetes por algo malo que ha hecho previamente, puede que el animal relacione su juguete con una experiencia negativa y no vuelva a acercarse a él. Además, puede sentir que te enfadas de forma impredecible, generándole confusión y miedo.

Nunca lo regañes a destiempo, como cuando llegas a casa y encuentras un cojín roto o un charco en el suelo. Si regañas al perro en ese momento, él no entenderá qué ha ocurrido: solo percibirá que su humano está enfadado sin motivo claro. Esto deteriora el vínculo de confianza y no resuelve el problema de conducta.

Ante una travesura que descubres tarde (un zapato mordido, una planta destrozada), lo más recomendable es no regañarlo y centrarte en prevenir que vuelva a suceder: guardar objetos delicados, ofrecer más juguetes apropiados o mejorar la supervisión.

Tono de voz, lenguaje corporal y palabras clave

Por otro lado, es importante aclarar que reñir no es lo mismo que gritar o enfadarse. La intensidad de la corrección debe ser firme pero serena, ya que de lo contrario crearemos inseguridad y miedo en nuestro perro. Los gritos, en lugar de corregir, pueden asustarlo, hacer que se sienta inseguro e incluso que llegue a temerte.

Lo ideal es que usemos pocas palabras: un simple “no” o “stop” bastará. El objetivo es que asocie esta palabra a algo negativo, pero no a tu presencia. Es recomendable no utilizar su nombre propio durante la regañina, ya que podría asociarlo con algo desagradable y dejar de acudir cuando lo llames en otras situaciones.

Tu lenguaje corporal también es muy importante. Conviene mantener una postura firme pero no amenazante, evitando inclinarte bruscamente sobre el perro, señalarlo de forma agresiva o mantener miradas intensas que le resulten intimidantes. Puedes acompañar el “no” con un gesto suave, como apartarlo de lo que está haciendo sin empujones ni brusquedad.

La constancia es clave: repetir siempre la misma palabra y el mismo tipo de gesto cuando haga algo inapropiado ayuda a que el perro interiorice la lección. Si cada miembro de la familia reacciona de forma diferente, le resultará mucho más difícil entender qué esperáis de él.

Cómo redirigir el comportamiento después de la regañina

Tras esta reprimenda, tendremos que mostrar al can lo que sí hay que hacer, como modo de corrección. Reñir sin ofrecer una alternativa solo genera frustración y no enseña una conducta adecuada.

Si, por ejemplo, le encontramos mordiendo uno de nuestros zapatos, habría que regañarle brevemente y mostrarle a continuación los juguetes con los que sí puede jugar. Si se sube al sofá y no quieres que lo haga, dile “no” y anímalo a bajar para ir a su cama, premiándolo allí cuando se tumbe tranquilo.

Este proceso se conoce como redirigir el comportamiento: interrumpes la acción incorrecta con un “no” claro y, de inmediato, le ayudas a elegir una opción apropiada. De esta forma, el perro no solo aprende lo que está prohibido, sino también lo que resulta aceptable y gratificante.

Además, combinar la corrección suave con el refuerzo positivo (caricias, palabras amables o una pequeña golosina cuando lo hace bien) es la manera más efectiva y respetuosa de educarlo. Premiar los buenos comportamientos hace que el perro los repita más a menudo, mientras que los malos van perdiendo fuerza al no proporcionarle ningún beneficio.

Castigos a evitar y efectos en la conducta del perro

Como decíamos anteriormente, los golpes y los gritos quedan totalmente descartados. También deberíamos evitar el aislamiento como castigo. Quizá encerrar a nuestro perro durante un rato nos parezca buena idea, pero la realidad es que esto puede ocasionarle una gran confusión y tristeza, e incluso favorecer problemas como la ansiedad por separación.

Otros castigos inadecuados son atarlo con la correa para “que aprenda” o dejarlo solo en una habitación a oscuras. De esta manera solo conseguirás que asocie la correa o ciertos espacios con algo malo y no quiera ni acercarse a ellos cuando toque salir o descansar.

El castigo físico, los empujones y las agresiones no son efectivos y pueden dañar seriamente el vínculo afectivo con tu perro. Además, aumentan el riesgo de que aparezcan conductas indeseadas como miedo intenso, agresividad defensiva o bloqueos. Muchos problemas de comportamiento empeoran cuando el perro se siente amenazado en lugar de comprendido.

Si la situación te supera o tu perro presenta conductas agresivas o muy destructivas, lo más prudente es buscar ayuda profesional de un educador canino o etólogo. Existen técnicas específicas para cada caso que permiten corregir la conducta sin recurrir al sufrimiento del animal.

Paciencia, coherencia y refuerzo positivo

Por último, necesitaremos buenas dosis de paciencia para corregir el mal comportamiento de nuestro perro. Los perros aprenden a su propio ritmo y a base de repeticiones coherentes. Establecer límites claros, ser constante con las normas y mantener la calma es lo que realmente marca la diferencia y evita el peligro de consentir en exceso.

Actuar con respeto, serenidad y cariño permite educar a la mascota sin dañar su autoestima ni perjudicarla en absoluto. Cada corrección debe ir acompañada, siempre que sea posible, de recompensas cuando haga las cosas bien: palabras suaves, juegos compartidos, caricias o alguna chuchería puntual.

Cuando se combina una corrección suave, en el momento adecuado, con una guía clara sobre lo que sí puede hacer y un uso constante del refuerzo positivo, el perro aprende a comportarse de forma equilibrada y segura. Así se construye una convivencia armoniosa, en la que tu compañero de cuatro patas sabe qué esperas de él y puede confiar plenamente en ti.

Bulldog Inglés.
Artículo relacionado:
Bases de la psicología canina: guía práctica y completa