Lo que en un primer momento pudo parecer un simple robo de perros en una protectora municipal de Badalona ha acabado destapando algo mucho más serio: una posible red organizada que estaría utilizando animales rescatados como si fueran mercancía de catálogo. El incidente ha puesto patas arriba al Centre d’Acollida d’Animals de Companyia del Barcelonès Nord y ha encendido todas las alarmas entre las entidades animalistas de la zona.
El caso se ha seguido casi en directo gracias a la movilización ciudadana y a la difusión masiva en redes sociales, que han resultado claves para localizar primero a Tyson y después a Zander, los dos perros sustraídos del refugio. Lo que nadie esperaba era que, tirando del hilo, aparecieran indicios de un presunto negocio de compraventa de perros procedentes de centros públicos y protectoras.
La noche del domingo al lunes, un individuo accedió al recinto del Centre d’Acollida d’Animals de Companyia del Barcelonès Nord (CAACBN) después de forzar la valla perimetral y reventar la puerta de acceso. Una vez dentro, abrió las jaulas donde se encontraban Tyson, un cruce de pitbull de alrededor de un año, y Zander, un cachorro de unos tres meses, mezcla de pastor belga y pitbull.
El asalto nocturno y el robo de Tyson y Zander

Según la información facilitada por la protectora, el ladrón no actuó al azar: grabó un vídeo recorriendo las jaulas y mostrando a los perros a sus potenciales compradores, como si estuviera enseñando un catálogo a medida. Posteriormente, seleccionó a Tyson y Zander, los sacó de sus jaulas y desapareció del centro sin dejar rastro.
A primera hora del lunes, el CAACBN presentó denuncia ante la Guàrdia Urbana de Badalona por el robo de los dos animales e inició una campaña de difusión urgente en redes sociales. Publicaron fotografías y descripciones detalladas de los perros, pidiendo a la ciudadanía que se fijara en cualquier movimiento sospechoso en la ciudad y en los alrededores del refugio.
Pocas horas después de saltar la alarma, se produjo el primer giro positivo: Tyson apareció vagando por las calles de Badalona, aparentemente en buen estado de salud. Todo apunta a que, una vez decidido que el objetivo principal era colocar al cachorro, el ladrón optó por abandonar a Tyson, que fue localizado gracias a los avisos de vecinos que lo vieron merodeando por la zona.
La búsqueda contrarreloj de Zander y el papel de las redes

Con Tyson ya a salvo, todos los esfuerzos se centraron en dar con el paradero de Zander, el cachorro más joven y, por su tamaño, también más vulnerable. La protectora, la Fundació Daina per a la Defensa dels Animals i la Natura —entidad que gestiona el centro— y diversos colectivos animalistas empezaron una búsqueda a contrarreloj en coordinación con los cuerpos policiales.
La oleada de mensajes fue creciendo hasta convertirse en una auténtica marea: fotografías de Zander se compartieron en grupos de barrio, perfiles dedicados a animales perdidos y redes sociales de todo tipo. Este efecto altavoz resultó determinante cuando, al día siguiente del robo, una vecina de Badalona dijo haber visto a un perro muy parecido al cachorro desaparecido.
La mujer se cruzó en la calle con un hombre que paseaba a un perro que coincidía con la descripción de Zander. Al comentarle el caso que circulaba por redes, el hombre le explicó que supuestamente lo había comprado a un chico del barrio. Esa información, que la vecina trasladó inmediatamente a la protectora, fue la pista que permitió iniciar una búsqueda más concreta por la zona del barrio de la Salut.
El miércoles, apenas dos días después del asalto, dos trabajadoras del centro se desplazaron en coche a la Salut y recorrieron sus calles hasta localizar a Zander, que en ese momento paseaba junto a una pareja. Tras un primer momento de sorpresa, los empleados informaron a estas personas de que el perro constaba como robado del refugio municipal.
La pareja compradora y la identificación del presunto ladrón
La pareja que paseaba al cachorro reaccionó con evidente nerviosismo al saber que el perro era buscado por la policía y por la protectora. Aseguraron que lo habían adquirido tan solo dos días antes y que desconocían por completo que procediera de un robo en un centro público. Según su versión, lo habían comprado a un conocido del barrio que les había prometido conseguir un perro de forma rápida.
Ese hombre, vecino del barrio de la Salut, habría sido el mismo que, la noche del asalto, entró en las instalaciones del CAACBN, grabó el vídeo con los perros y ofreció las imágenes como catálogo a varios interesados. La pareja manifestó que, en un primer momento, se interesaron tanto por Tyson como por Zander, pero que finalmente se quedaron solo con el cachorro.
Una vez tomada la decisión, el presunto ladrón se deshizo de Tyson en la vía pública y entregó a Zander a sus nuevos “dueños”. La reacción de la ciudadana que reconoció al perro por redes sociales y el posterior dispositivo improvisado de la protectora fueron claves para que Zander pudiera ser recuperado sin daños graves.
Con estos datos, el centro amplió la denuncia inicial ante la Guàrdia Urbana de Badalona, que a su vez trasladó el caso a los Mossos d’Esquadra, cuerpo competente en la investigación. El supuesto ladrón se encuentra plenamente identificado, y la policía catalana debe ahora determinar su grado de responsabilidad y los posibles delitos a imputar.
También queda por resolver la situación legal de la pareja compradora. Aunque afirman haber actuado de buena fe, los investigadores deberán valorar si incurrieron en algún tipo de delito relacionado con la adquisición de un animal robado, o si se les considera simplemente víctimas de un engaño por parte del vendedor.
Una posible trama de comercio ilegal de perros de refugio
Más allá del impacto emocional del robo de Tyson y Zander, el caso ha encendido todas las alertas por los indicios de que podría existir una estructura organizada dedicada a comerciar con perros procedentes de refugios y centros de acogida. Romina, portavoz de la Fundació Daina, ha explicado que no se trataría de un hecho aislado, sino de la punta de un iceberg que afectaría a diferentes refugios comarcales.
Según su testimonio, hay personas ya identificadas, aunque todavía no detenidas, que elaboran auténticos catálogos fotográficos con imágenes de perros rescatados de la calle y alojados en centros públicos. Estas fotos se emplearían para ofrecer los animales a posibles compradores, que en muchos casos no sospechan el origen ilícito del perro que adquieren.
La fundación insiste en que este tipo de prácticas alimentan el mercado ilegal de perros y pueden tener consecuencias especialmente crueles para los animales. En algunos casos se teme que los perros terminen siendo utilizados como “sparring” o carne de cañón en peleas clandestinas, una realidad que las entidades llevan tiempo denunciando en Cataluña y en otras zonas de España.
El robo en Badalona se convierte así en un ejemplo concreto de un problema que va mucho más allá de un único refugio. Para la Fundació Daina y otras organizaciones, es imprescindible que la investigación de los Mossos vaya al fondo de la cuestión y no se limite a castigar solo el asalto puntual, sino que sirva para desmontar cualquier red que esté operando a partir de animales procedentes de centros públicos.
En este contexto, las asociaciones animalistas reclaman también reforzar el control sobre la compraventa de perros a través de canales informales, como anuncios en redes, grupos de mensajería o contactos de barrio, donde es más fácil camuflar el origen real de los animales y escapar a la supervisión administrativa.
Un refugio sin cámaras ni alarma en el momento del robo
El caso de Tyson y Zander ha dejado en evidencia un problema que muchas protectoras llevan años señalando: la falta de medios para garantizar la seguridad de los centros de acogida. En el momento del asalto, el refugio de Badalona carecía de cámaras operativas y sistema de alarma en funcionamiento, lo que facilitó que el ladrón pudiera entrar y salir sin ser detectado.
La portavoz de la fundación ha explicado que el centro llegó a disponer de circuito cerrado de televisión y alarma, pero que, debido a unas obras en las instalaciones, los equipos quedaron inutilizados temporalmente. Fue precisamente durante ese periodo de vulnerabilidad cuando se produjo la intrusión nocturna.
No era la primera vez que el recinto sufría una entrada no autorizada, aunque en ocasiones anteriores los incidentes no habían tenido consecuencias tan graves. Esta vez, sin embargo, el objetivo fueron cachorros especialmente jóvenes, lo que ha incrementado la preocupación por el futuro de los animales que se encuentran bajo la tutela del centro.
Tras el estallido mediático del caso, el Ayuntamiento de Badalona se ha visto obligado a mover ficha. Según la Fundació Daina, el consistorio se ha comprometido a reinstalar cuanto antes las cámaras y los sistemas de alarma para evitar nuevos robos y enviar un mensaje claro de tolerancia cero ante cualquier intento de utilizar a los animales como mercancía.
Las entidades subrayan que no se trata solo de reponer equipos, sino de repensar globalmente la seguridad de los refugios: desde el control de accesos y la iluminación hasta la formación del personal, pasando por protocolos de actuación ante incidentes y coordinación directa con los cuerpos policiales.
Contraste entre los nuevos espacios caninos y la realidad de los refugios
El caso ha generado cierta paradoja en Badalona. Mientras el municipio presume de haber estrenado recientemente una gran área de recreo para perros en el parc del Torrent de la Font i del Turó de l’Enric, con más de 2.000 metros cuadrados para que los animales puedan correr y socializar, los centros que acogen a los perros más vulnerables siguen teniendo carencias básicas de seguridad.
Para muchas entidades, este contraste evidencia que la sensibilidad hacia las mascotas en el espacio público ha avanzado más rápido que la protección efectiva de los animales abandonados o en situación de riesgo. Las inversiones en parques y zonas de ocio canino son bien recibidas, pero se reclama que no vayan desligadas de una financiación suficiente para las protectoras y de una vigilancia más estricta contra el maltrato y el tráfico ilegal.
La historia de Zander, un cachorro que pasó en cuestión de horas de la jaula del refugio a manos de un desconocido y luego a un comprador supuestamente engañado, resume de forma cruda las grietas del sistema de protección animal. No basta con rescatar perros de la calle; es necesario garantizar que, una vez dentro de un centro público, estén realmente a salvo.
En este sentido, las organizaciones insisten en que casos como el de Badalona deben servir como punto de inflexión para revisar normas, protocolos y presupuestos, tanto a nivel municipal como autonómico. La clave, recuerdan, es que la protección animal deje de depender de la buena voluntad de unas pocas entidades y se convierta en una prioridad estable de las administraciones.
La reacción ciudadana y el papel de la “xarxa” animalista
Si algo ha quedado claro con el robo de Tyson y Zander es que la movilización de la ciudadanía puede marcar la diferencia en la suerte de un animal desaparecido. En cuestión de horas, la noticia se difundió a través de grupos de barrio, perfiles especializados en animales perdidos y redes sociales de toda índole, formando una auténtica red de alerta.
Las entidades animalistas hablan ya de una especie de “xarxa” ciudadana —una red informal pero muy activa— que se ha consolidado en los últimos años y que funciona como mecanismo de presión social. Gracias a ella, se ha podido localizar a perros robados, frenar intentos de venta rápida e incluso alertar de posibles casos de maltrato que pasaban desapercibidos.
En este caso concreto, la rápida reacción de una vecina que reconoció a Zander por las fotografías compartidas fue determinante. Sin ese gesto, es posible que el cachorro hubiera sido vendido de nuevo o trasladado a otro municipio, dificultando enormemente su recuperación.
Las organizaciones destacan también el papel de los voluntarios y del personal de la protectora, que no dudaron en patrullar las calles, hacer llamadas y coordinarse con la policía. Todo ello en un ambiente de preocupación y presión emocional, sabiendo que cada hora que pasaba complicaba la localización del cachorro.
Este tipo de respuesta colectiva se está convirtiendo, según las asociaciones, en un complemento imprescindible al trabajo de los cuerpos policiales. Aunque la investigación formal corresponde a los Mossos d’Esquadra, la lluvia de pistas generadas por la ciudadanía ayuda a acotar búsquedas, identificar sospechosos y recuperar animales en menos tiempo.
Lo ocurrido en la protectora de Badalona ha puesto sobre la mesa un problema que mezcla seguridad de los refugios, tráfico ilegal de animales y falta de recursos, pero también ha demostrado la fuerza de una comunidad que no mira hacia otro lado cuando se juega con la vida de perros rescatados. Con Tyson y Zander de vuelta en el centro y a la espera de una adopción responsable, la gran incógnita ahora es si la investigación policial logrará desarticular cualquier red que esté mercadeando con estos animales y si las administraciones sabrán aprovechar esta sacudida para blindar de verdad a los que menos voz tienen.