Señales de dominancia en el perro

Perros jugando en el parque.

Independientemente de la raza, el tamaño o la educación que haya recibido un perro, éste posee una tendencia natural hacia la dominancia o la sumisión. A su vez, este detalle influye en su forma de socializar con otras personas o animales, acarreando problemas de comportamiento en algunas ocasiones. Por ello es importante que aprendamos a diferenciar estas conductas.

Existe un buen número de teorías sobre el liderazgo en las manadas caninas, dando lugar a conceptos como el del “macho alfa”. En cualquier caso, lo cierto es que algunos canes muestran una predisposición natural a la dominancia, posicionándose en el primer lugar dentro de la jerarquía. Esto no tiene por qué desembocar en comportamientos agresivos; sin embargo, a veces surgen esta clase de problemas, por lo que conviene tomar ciertas precauciones.

¿Cómo saber si mi perro es dominante?

No es fácil determinar si un perro es realmente dominante, ya que para ello hemos de observar su comportamiento social con otros animales y personas durante un largo tiempo. No obstante, existen algunas señales que nos indican que el animal podría desarrollar problemas de dominancia:

  1. Se monta sobre otros perros, ya sean hembras o machos.
  2. Es testarudo, negándose a obedecer las órdenes básicas de adiestramiento.
  3. Ladridos insistentes para conseguir lo que quieren, mostrando un alto nivel de exigencia hacia los demás.
  4. Le gusta sentarse en lugares altos.
  5. Insiste en caminar delante de nosotros durante el paseo.
  6. Nos quita la comida del plato.
  7. Muestra una actitud posesiva con los suyos cuando un desconocido se acerca.
  8. Odia quedarse solo en casa.
  9. Insiste en ganar en todos los juegos.
  10. Mira fijamente y con actitud desafiante a otras personas y animales.

¿Qué hacer?

A la hora de educar a un perro dominante, deberemos derrochar buenas dosis de calma y paciencia. El refuerzo positivo será nuestro gran aliado, no así los gritos y el estrés, que empeoran la situación; y por supuesto, los castigos físicos quedan absolutamente descartados. Tendremos que imponer unas normas y asegurarnos de que las cumpla, premiándolo con comida y juguetes siempre que así sea.

Además, es importante que dediquemos unos 15 o 20 minutos al día a reforzar las órdenes de obediencia, como la de sentarse, tumbarse o mantenerse quieto. Asimismo, hemos de aprender a liderar el paseo, haciendo que el perro camine a nuestro lado sin dar tirones ni ladrar a los demás. Cuando la situación se complica hasta el punto de ser incontrolable, lo mejor es acudir a un educador profesional.

 

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