La presencia de perros de terapia en hospitales pediátricos se está consolidando como una herramienta más dentro de los programas de humanización sanitaria en Europa. Cada vez más centros incorporan estas intervenciones para aliviar la ansiedad de los menores ingresados y acompañarles en procesos médicos que, de por sí, resultan duros tanto para ellos como para sus familias.
En países como Portugal y España ya hay proyectos estables que integran a perros específicamente adiestrados en unidades de Pediatría, Cirugía Pediátrica u Oncopediatría. Estas iniciativas, desarrolladas en colaboración con entidades especializadas y bajo estrictos protocolos de seguridad, buscan algo aparentemente sencillo pero de enorme impacto: que los niños y niñas hospitalizados se sientan menos solos, más tranquilos y con ganas de participar en su propia recuperación.
Programas consolidados en hospitales portugueses
En Portugal, una de las entidades de referencia en este ámbito es la asociación Ânimas, una organización sin ánimo de lucro especializada en intervenciones asistidas con perros en hospitales, centros educativos y residencias. Gracias al apoyo de iniciativas privadas de responsabilidad social, como el programa Dejemos Huella de Elanco Animal Health, la asociación ha podido consolidar y ampliar su trabajo en el entorno sanitario.
Actualmente, Ânimas desarrolla intervenciones asistidas con animales en 22 hospitales portugueses, llegando cada año a más de 66.000 beneficiarios entre pacientes, familiares y profesionales. Se trata de programas estructurados, diseñados junto a equipos clínicos, en los que cada sesión persigue objetivos concretos de tipo emocional, social o terapéutico.
Uno de los ejemplos más emblemáticos es el del Hospital Dona Estefanía de Lisboa, especializado en atención pediátrica. Allí, los niños y niñas ingresados reciben semanalmente la visita de Nairobi, una labradora de seis años, acompañada de su tutora y psicóloga, Inês Chambel. En estas sesiones se combinan juegos, caricias, pequeños ejercicios guiados y momentos de conversación en un entorno menos tenso del habitual.
Según la experiencia acumulada por los equipos de Ânimas, las visitas de los perros reducen los niveles de estrés de los menores, mejoran su estado de ánimo y favorecen la interacción social, especialmente en aquellos pacientes que muestran más retraimiento o miedo ante las pruebas médicas. Este efecto positivo no se limita a los niños: también alcanza a sus familias y al personal sanitario, que perciben un ambiente más distendido y humano en las unidades donde se desarrollan las actividades.
Además de su trabajo en hospitales pediátricos, la asociación lleva más de dos décadas entrenando perros de asistencia y desarrollando programas dirigidos a personas con diversidad funcional, incluyendo menores con autismo, sordera, enfermedades neuromusculares o trastornos de salud mental. Todo este bagaje se traslada a los entornos hospitalarios, donde la planificación de las sesiones se realiza siempre en coordinación con profesionales de la salud.

El papel de la responsabilidad social corporativa
El impulso de estas terapias en hospitales pediátricos europeos también está ligado al compromiso de determinadas empresas del sector animal. Elanco Animal Health, a través de su programa de responsabilidad social corporativa ‘Dejemos Huella’, respalda desde hace años proyectos centrados en el vínculo humano-animal y en el impacto positivo que los animales pueden tener en la salud y el bienestar de las personas.
En el caso de Ânimas, este apoyo se traduce en recursos para sostener y ampliar sesiones en entornos sanitarios, facilitando que miles de pacientes en situaciones de vulnerabilidad accedan a programas de terapia canina. Para la compañía, estas colaboraciones permiten conectar su actividad en el ámbito de la salud animal con iniciativas que repercuten de forma directa en el bienestar humano.
La responsable del programa Dejemos Huella en Iberia, Alejandra González, ha subrayado que estas sesiones recuerdan por qué los animales pueden influir tan profundamente en el estado emocional de las personas. Un perro de terapia, adecuadamente entrenado, es capaz de transformar el ánimo de un niño hospitalizado en muy poco tiempo, generando una pequeña ventana de normalidad y alegría en medio de un proceso clínico complejo.
El programa ‘Dejemos Huella’ tiene una trayectoria de más de 25 años impulsando iniciativas vinculadas a la adopción responsable, la prevención del abandono y las intervenciones asistidas con animales. Además, reconoce y da visibilidad al trabajo de otros perros de servicio, como los dedicados al rescate o los que colaboran con cuerpos de seguridad, reforzando la idea de que la relación entre personas y animales va mucho más allá de la simple compañía.
Este enfoque de responsabilidad social contribuye a que la terapia canina en hospitales pediátricos no quede en iniciativas aisladas, sino que se integre en proyectos estables, con evaluación de resultados y una coordinación real con los planes de humanización de los diferentes sistemas sanitarios.
Experiencias en hospitales pediátricos en España
En España, la terapia canina también empieza a ganar peso en varios hospitales públicos, especialmente en aquellas comunidades autónomas que han apostado por programas de humanización de la asistencia. Un caso reciente es el del Hospital Universitario de Jaén, donde se ha puesto en marcha un proyecto específico para el centro Materno-Infantil.
En este hospital andaluz, los protagonistas de las sesiones son Garbanzo, Rufino, Teja y Pekas, cuatro perros entrenados para trabajar en entornos sanitarios. Lejos de ser simples mascotas que visitan a los niños, se trata de perros terapeutas formados para intervenir en contextos clínicos complejos y que cumplen de forma estricta con todos los requisitos de Medicina Preventiva y los controles veterinarios exigidos.
La directora gerente del Hospital Universitario de Jaén, María Belén Martínez, ha descrito el programa como una iniciativa de humanización de la asistencia sanitaria destinada a mejorar el estado emocional de los menores hospitalizados. El objetivo es disminuir el estrés asociado a las pruebas, ingresos o intervenciones quirúrgicas, y, en la medida de lo posible, favorecer su recuperación mediante la interacción guiada con estos perros.
El proyecto se lleva a cabo en colaboración con la empresa Hachiko, pionera en intervenciones asistidas con perros en hospitales andaluces desde 2019 y presente en centros de Málaga, Granada y Jaén. Gracias a esta experiencia previa, el programa jiennense ha podido diseñarse con una estructura clara, diferenciando varios tipos de intervenciones según las necesidades de los pacientes.
Detrás de la puesta en marcha del programa hay un equipo multidisciplinar del hospital que lleva más de un año trabajando en su diseño. En este grupo participan profesionales de distintas áreas, desde Pediatría y Enfermería hasta Psicología, Fisioterapia, Terapia Ocupacional y Medicina Preventiva. Su coordinación es clave para determinar qué menores pueden participar, qué objetivos se persiguen en cada caso y cómo se integran las sesiones en el día a día del hospital.

Cómo se organizan las sesiones con los perros de terapia
En el centro Materno-Infantil de Jaén, las sesiones con perros de terapia tienen una duración aproximada de 45 minutos y se desarrollan semanalmente en diferentes áreas del hospital. No se trata de visitas improvisadas, sino de intervenciones programadas y coordinadas con el personal sanitario para que encajen en la rutina asistencial sin interferir en pruebas, tratamientos o tiempos de descanso.
En las plantas de Pediatría y Cirugía Pediátrica, los perros visitan a menores que están a punto de ser intervenidos o que ya se encuentran en fase de recuperación. A través de juegos adaptados, dinámicas sencillas y momentos de contacto afectivo, se intenta que los niños afronten con menos miedo el quirófano o vivan su posoperatorio con un ánimo más positivo.
El equipo también actúa en el área de Oncopediatría, donde las sesiones se integran en el plan terapéutico de los pacientes siempre que los clínicos lo consideran adecuado. Aquí, la intervención con los perros no solo cumple una función lúdica, sino que se alinea con objetivos de rehabilitación física o funcional, definidos junto a fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales del hospital.
Según explican los responsables del programa, la presencia de los animales ayuda a que los menores se impliquen más en ejercicios que de otro modo podrían resultarles pesados o dolorosos. Por ejemplo, estirar un brazo, levantarse de la cama o caminar unos metros por el pasillo puede convertirse en un reto compartido con el perro, lo que reduce la resistencia al esfuerzo y mejora la adherencia a la rehabilitación.
Más allá de los beneficios físicos, el componente emocional tiene un peso importante. Muchos niños encuentran en estos perros una figura de apoyo estable durante el ingreso, algo que contribuye a reducir el miedo al hospital, favorecer la expresión de emociones y fortalecer el vínculo con los profesionales que participan en las sesiones.
Seguridad y protocolos en las terapias caninas hospitalarias
Uno de los aspectos que más preocupa cuando se habla de introducir animales en un hospital pediátrico es la seguridad sanitaria. Tanto en los proyectos portugueses como en el del Hospital Universitario de Jaén, las intervenciones se diseñan siguiendo protocolos nacionales e internacionales para minimizar cualquier riesgo para los menores ingresados.
En el caso del centro jiennense, la Unidad de Medicina Preventiva y Salud Pública ha supervisado desde el inicio la implantación del programa. Cada perro participante dispone de su certificado de vacunación al día, analíticas actualizadas y un seguro de responsabilidad civil, además de controles veterinarios periódicos que garantizan su idoneidad para trabajar en entornos hospitalarios.
Los equipos de profesionales que acompañan a los animales, como el personal de la empresa Hachiko, también cumplen con medidas de prevención específicas. Entre ellas se incluyen la vacunación frente a la gripe y otros requisitos de salud que se consideran necesarios para proteger a pacientes inmunodeprimidos o especialmente vulnerables, como ocurre en Oncopediatría.
Estas garantías sanitarias se suman a la formación de los perros, que son seleccionados por su temperamento equilibrado, capacidad de adaptación, tolerancia al estrés y del conocimiento para identificar los síntomas de ansiedad en los perros. Antes de entrar en un hospital, pasan por un proceso de entrenamiento en el que se acostumbra a los animales al ruido, a la presencia de aparatos médicos y a situaciones poco habituales, de forma que puedan responder con calma y sin sobresaltos.
De esta manera, los programas de terapia canina en hospitales pediátricos logran integrar el beneficio emocional y terapéutico de la presencia de los animales con las exigencias de seguridad propias del entorno hospitalario, haciendo posible que más niños y niñas puedan beneficiarse de estas intervenciones sin comprometer su salud.
La expansión de la terapia canina en hospitales pediátricos europeos, con ejemplos como los de Portugal y España, muestra cómo el vínculo entre humanos y animales puede incorporarse de forma responsable y estructurada a la atención sanitaria. Cuando hay coordinación entre asociaciones especializadas, empresas comprometidas y equipos clínicos, estos programas se convierten en una herramienta útil para mejorar la experiencia de hospitalización, reforzar el bienestar emocional de los menores y apoyar, desde una vertiente diferente, los tratamientos médicos que reciben.