Cómo tratar la hiperactividad en el perro

Perro jugando en el campo.

Muchas veces no damos la importancia que se merecen a determinadas conductas extrañas en nuestro perro. Un ejemplo es la hiperactividad, un comportamiento que solemos confundir con el nerviosismo o la alta energía sin darnos cuenta de que nos encontramos ante un problema que puede perjudicar el estado de salud del animal. Afortunadamente, con paciencia y algunos trucos podemos controlarlo.

No es fácil diagnosticar la hiperactividad canina, ya que como decíamos previamente, suele confundirse con un exceso de energía. Para comprobar si en realidad nuestra mascota sufre este trastorno, tendremos que consultarlo con un experto en educación canina. Además, él sabrá guiarnos para conseguir que todo ello no suponga un problema para nosotros ni para el can.


El tratamiento dependerá del tipo de hiperactividad que sufra el animal, que puede ser:

1. Hiperactividad fisiológica. Se produce a causa de experiencias vividas: falta de ejercicio, una mudanza, una separación, etc.

2. Hiperactividad patológica o hiperquinesis. Está provocada por una alteración de las vías nerviosas dopaminérgicas del sistema límbico, y requiere tratamiento veterinario. Es poco frecuente y suele presentarse en edades tempranas.

Los síntomas son similares en ambos casos: dificultad para conciliar el sueño, movimientos compulsivos (dar vueltas, perseguirse la cola, etc.), exceso de energía, desconcentración, demanda constante de atención y comportamientos destructivos, incapacidad de relajarse, salivación excesiva, dificultad de aprendizaje, entre otros.

Dependiendo del origen del problema, el perro necesitará uno u otro tratamiento, siempre bajo el asesoramiento de un veterinario o un adiestrador profesional. Algunas de las técnicas más eficaces para lograr que el animal se relaje son las siguientes:

1. Suficiente ejercicio. Al menos tres largos paseos al día y una dosis de juego. Las actividades que retan al perro física y mentalmente, como el Agility o lo juegos de inteligencia, son ideales para ello.

2. Refuerzo positivo. Hay que descartar por completo el castigo físico, los gritos y los insultos. El refuerzo positivo es lo más adecuado para que nuestro perro aprenda las órdenes de adiestramiento, y con ello, ayudarle a controlar su nerviosismo.

3. Un ambiente tranquilo. Un ambiente agradable y acogedor ayudará a nuestra mascota a relajarse. Es imprescindible que cuente con un lugar cómodo y silencioso para descansar, así como evitar los ruidos fuertes y los estímulos que puedan alterarlo.

4. Masajes. Acompañados de música suave, pueden resultar increíblemente relajantes para el can. Al menos una sesión diaria le ayudará a combatir su ansiedad.

5. Atención y cariño. Es probable que, a través de su actitud, el perro demande más interés por nuestra parte. Mediante la paciencia, el cariño y atención, lograremos solucionar el problema.

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