Un niño de apenas dos años resultó herido este domingo por la tarde en la localidad valenciana de Alzira tras ser atacado en la cara por un perro. El pequeño, que se encontraba con su familia en la vía pública, tuvo que ser atendido de lesiones de consideración en la boca y parte del rostro y fue evacuado posteriormente a un hospital de referencia en Valencia.
El incidente ha generado una gran alarma entre los vecinos, tanto por la corta edad del menor como por la violencia de la mordedura en una zona tan delicada como la boca. Aunque el caso ha quedado finalmente en un susto importante y en la necesidad de reconstrucción facial, vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el control de los perros y la prevención de mordeduras, especialmente cuando hay niños cerca.
Ataque en plena calle: el perro salió de un vehículo
Según los datos facilitados por el Centro de Información y Coordinación de Urgencias (CICU), el aviso de emergencia se originó en el centro de salud de Alzira a las 18:04 horas de la tarde del domingo. Desde estas instalaciones sanitarias se informó de que un perro había mordido en la boca a un niño de dos años, lo que activó de inmediato el protocolo de asistencia.
De acuerdo con la reconstrucción de los hechos, el animal salía de un vehículo en el que viajaba junto a sus dueños cuando, por causas que todavía se están aclarando, se lanzó hacia el pequeño. El menor se encontraba sentado en un carrito infantil en el momento del ataque, lo que le dejaba con muy poca capacidad de reacción y totalmente expuesto a la embestida del can.
Fuentes consultadas señalan que el perro, nada más saltar del coche, alcanzó directamente la zona facial del niño y le causó una herida que se extendía desde el labio hasta la zona cercana a la oreja. Este tipo de mordeduras, por la fuerza de la mandíbula y la fragilidad de la piel infantil, suelen provocar desgarros importantes que pueden requerir cirugía especializada.
Testigos de la escena y los propios responsables del menor trasladaron al pequeño al centro de salud de Alzira, donde recibió una primera valoración médica. Ante la gravedad de las lesiones en la cara y el riesgo de complicaciones, se decidió su derivación urgente a un hospital de mayor complejidad.

Traslado al Hospital La Fe y reconstrucción de la zona afectada
El menor fue trasladado desde Alzira por una unidad de Soporte Vital Básico (SVB) hasta el Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia, uno de los centros de referencia de la Comunitat Valenciana para este tipo de lesiones complejas. El equipo de emergencias se encargó de estabilizar al niño durante el trayecto y de vigilar su estado general.
Una vez en La Fe, el pequeño fue atendido por especialistas y valorado para determinar el alcance real de las heridas. Según las informaciones difundidas por fuentes sanitarias, el niño presentaba mordeduras en el labio, la barbilla y el pómulo derecho, además de una importante lesión que se extendía desde el labio hacia la oreja. La localización y profundidad de las heridas obligaron a una intervención minuciosa.
En el hospital, un cirujano plástico se encargó de reconstruir la zona afectada, con el objetivo de reparar los tejidos dañados y minimizar en lo posible las secuelas funcionales y estéticas. En este tipo de casos, se intenta que el resultado permita al menor recuperar la movilidad normal de la boca, facilitar el habla y la alimentación y, al mismo tiempo, reducir la visibilidad de las cicatrices a largo plazo.
Tras la intervención y la correspondiente observación médica, el niño evolucionó de forma favorable. Las mismas fuentes sanitarias han explicado que el menor ya ha sido dado de alta, lo que indica que su estado general es bueno y que continuará la recuperación en su domicilio, donde deberá seguir controles médicos y revisiones de las heridas.
Aunque la evolución es positiva, los especialistas suelen insistir en que las mordeduras en la cara, especialmente en niños pequeños, exigen una atención cuidadosa durante semanas para evitar infecciones, problemas de cicatrización o dificultades posteriores en el crecimiento de los tejidos faciales.
Un caso llamativo en un contexto de escasa mortalidad por ataques
Más allá del impacto que genera cualquier agresión a un niño pequeño, los datos disponibles muestran que este tipo de ataques graves no son la norma en España. Actualmente, no existe un registro nacional único y exhaustivo que recoja todas las mordeduras de perro a personas, por lo que resulta complicado tener una radiografía perfecta de la situación.
Sin embargo, los registros judiciales y los partes de lesiones que llegan a los juzgados permiten hacerse una idea aproximada de la magnitud del problema. En el año 2022 se contabilizaron en estos documentos alrededor de 275 lesiones relacionadas con ataques de perros en todo el territorio español. Las comunidades con más casos registrados fueron Andalucía y la Comunidad de Madrid, aunque hay que tener en cuenta que estas cifras solo recogen los incidentes que se denuncian o que acaban generando un parte médico formal.
Expertos en salud pública y veterinaria suelen recordar que, en realidad, se producen decenas de miles de mordeduras de perro cada año si se tiene en cuenta toda la casuística: desde pequeños arañazos o marcas superficiales hasta heridas que exigen asistencia médica. La mayoría de estos casos, no obstante, no se consideran graves y muchas veces ni siquiera llegan a figurar en estadísticas oficiales.
Desde 2010 se han documentado algo más de 20 muertes por ataques de perro en España. Esta cifra, repartida a lo largo de más de una década, indica que los desenlaces mortales son muy poco frecuentes si se comparan con el número total de perros que conviven con personas y con la cantidad de incidentes leves que se producen en el día a día.
Los especialistas insisten en que el caso ocurrido en Alzira, pese a la dureza de las imágenes que puede generar una agresión en la cara de un niño, debe situarse en su contexto: los ataques graves existen pero son excepcionales, y en la gran mayoría de hogares la convivencia con perros transcurre sin incidentes reseñables cuando se actúa con responsabilidad.
Prevención: convivencia responsable entre perros y niños
El suceso de Alzira vuelve a abrir el debate sobre las medidas de prevención necesarias para reducir el riesgo de mordeduras, especialmente cuando hay menores de por medio. Aunque cada caso tiene sus circunstancias, los expertos suelen coincidir en una serie de recomendaciones básicas que pueden marcar la diferencia.
En primer lugar, se incide en la importancia de que los propietarios mantengan a sus animales correctamente controlados en espacios públicos, sobre todo a la hora de subir o bajar de vehículos o al atravesar zonas con presencia de niños. En situaciones de excitación o estrés, un perro puede reaccionar de manera inesperada, por lo que conviene extremar las precauciones.
También se recomienda que los adultos no dejen a los niños sin supervisión directa cuando están cerca de perros, incluso si se trata de animales conocidos o que forman parte del entorno familiar. Los pequeños, por su forma de moverse, sus gestos bruscos o sus gritos, pueden generar en algunos animales reacciones defensivas o de miedo que desemboquen en un mordisco.
Otra clave es la educación del propio animal, a través de adiestramiento adecuado y socialización temprana, para que se acostumbre a tratar con personas de diferentes edades y a desenvolverse con calma en entornos variados. Paralelamente, es útil enseñar a los niños algunas pautas básicas, como no tirar de las orejas o del rabo, no molestar a un perro cuando está comiendo o durmiendo y evitar acercar la cara a la del animal.
Las autoridades y los profesionales de la salud animal recuerdan, además, que ante cualquier mordedura, por pequeña que parezca, es recomendable limpiar bien la herida y consultar con un profesional sanitario, ya que incluso lesiones aparentemente leves pueden infectarse o requerir vacunas de refuerzo, como la del tétanos.
El incidente de Alzira ilustra cómo una situación cotidiana, como la apertura de la puerta de un coche en una calle cualquiera, puede terminar en un episodio de gran tensión para una familia. Gracias a la rápida actuación de los servicios sanitarios y a la intervención especializada en el Hospital La Fe, el niño evoluciona favorablemente tras la reconstrucción facial, pero el susto quedará grabado durante mucho tiempo y vuelve a recordar la necesidad de combinar cariño hacia los animales con prudencia y responsabilidad en su manejo.
