Unkar, el perro de rescate en aludes que trabaja hasta la extenuación

  • Unkar es un perro especializado en rescates por aludes y grandes áreas dentro de los GREIM de la Guardia Civil.
  • Su labor fue clave en el rescate de las tres víctimas del alud del Pico Tablato, cerca de Panticosa (Huesca).
  • Estos perros baten enormes superficies gracias a su olfato, muy por encima de la capacidad humana.
  • Para ellos el rescate es un juego con recompensa, aunque su papel resulta decisivo en emergencias de montaña.

Perro de rescate especializado en aludes

La historia de Unkar, el perro que participó en los rescates por aludes, se ha convertido en uno de los ejemplos más claros de hasta dónde llega el trabajo conjunto entre guías de montaña y perros de rescate en España. Su papel en recientes operaciones en el Pirineo aragonés ha puesto el foco en estos animales, que trabajan literalmente hasta la extenuación en condiciones extremas de frío, nieve y viento.

Detrás de cada intervención hay horas de adiestramiento, coordinación y riesgo, pero también una realidad muy humana: quienes integran los equipos de rescate no ven a estos perros como simples recursos, sino como compañeros imprescindibles en misiones en las que, por desgracia, no siempre se llega a tiempo para salvar vidas.

Quién es Unkar y cuál es su papel en los rescates por aludes

Unkar forma parte de los Grupos de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM) de la Guardia Civil, unidades especializadas que operan en zonas de alta montaña de la provincia de Huesca. Dentro de estos grupos existe una rama específica de canes entrenados para la búsqueda de personas en aludes y grandes áreas, una disciplina que, en el ámbito profesional, se engloba bajo la denominación de seguridad y rescate.

En Huesca funcionan cinco GREIM principales —Jaca, Panticosa, Boltaña, Huesca y Benasque— y, según explican desde el propio cuerpo, cada uno de ellos cuenta con un perro especializado como Unkar para afrontar las misiones que se les asignan. Estos animales están siempre listos para intervenir ante avisos de avalanchas, desapariciones en la nieve o búsquedas en zonas de difícil acceso.

En uno de los episodios más recientes, Unkar compartió protagonismo con otro perro de rescate, Balrog, durante las labores tras el grave alud registrado en el Pico Tablato, muy próximo a la estación de Panticosa, en el Pirineo oscense. Aquella jornada, la montaña se cobró la vida de tres personas, que fueron localizadas bajo la nieve gracias al olfato y al trabajo incansable de estos canes.

Sin pretenderlo, Unkar y Balrog se convirtieron en protagonistas inconscientes de una tragedia que impactó a toda la comunidad montañera. Para ellos, sin embargo, la operación no se vive como una catástrofe, sino como una misión más dentro de su rutina de servicio.

Tal y como detallan desde los equipos de rescate, la actividad operativa de perros como Unkar está construida como un gran juego de búsqueda y recompensa. Cuando logran localizar a una persona, ya sea con vida o sin ella, reciben su juguete favorito como premio. Ese refuerzo positivo es lo que guía su motivación, sin que lleguen a ser conscientes del alcance real de lo que están haciendo sobre el terreno.

La intervención en el alud del Pico Tablato

El alud del Pico Tablato, cercano a Panticosa, fue uno de esos episodios que ponen a prueba todos los engranajes del sistema de rescate en montaña. Aquel lunes 29 de diciembre, la llamada de emergencia activó rápidamente un operativo en el que intervinieron varios equipos del GREIM, con 14 efectivos de Panticosa, Jaca y Huesca, coordinados por el teniente Baín Gutiérrez.

En ese dispositivo, la participación de Unkar y Balrog fue determinante para la localización de las víctimas. Con las condiciones de la nieve cambiando y el riesgo inherente de nuevos desprendimientos, cada minuto contaba. La capacidad de los perros para moverse con rapidez sobre el manto nivoso y detectar el rastro humano bajo metros de nieve permitió acotar mucho antes las zonas de búsqueda.

Según explican los responsables del operativo, estos perros fueron trabajando hasta rozar la extenuación, soportando temperaturas muy bajas y un esfuerzo físico intenso. Tras horas de rastreo, lograron marcar los puntos donde se encontraban las tres personas que habían perdido la vida en la avalancha, lo que facilitó que los rescatadores pudieran proceder a la recuperación de los cuerpos con mayor rapidez.

Para los integrantes del GREIM, la labor de los canes en este tipo de escenarios se considera absolutamente vital. Los protocolos actuales sitúan a los perros entre los primeros elementos desplegados en un alud, ya que su intervención puede reducir significativamente el tiempo que se tarda en dar con las personas sepultadas, un factor que puede llegar a marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Desde la Guardia Civil subrayan que, tras concluir una operación tan exigente, los perros también necesitan un proceso de recuperación. Igual que el resto de efectivos, deben resguardarse del frío y reponerse tras largas horas de esfuerzo, algo que a menudo queda en segundo plano cuando solo se observa el resultado final del rescate.

La capacidad de los perros de avalanchas frente al ser humano

Uno de los aspectos que más sorprende a quien se acerca al trabajo de perros como Unkar es su prodigiosa capacidad para batir terreno. Tal y como explica el teniente Baín Gutiérrez, un solo perro de rescate puede llegar a revisar alrededor de 1.000 metros cuadrados de superficie nevada en un periodo de tiempo que, para un equipo humano trabajando sin su apoyo, equivaldría prácticamente a un mes de esfuerzo.

Esta diferencia abismal se debe sobre todo a las capacidades olfativas de los perros, que juegan un papel esencial cuando las víctimas quedan enterradas bajo capas y capas de nieve. Mientras que los rescatadores humanos dependen de sondas, detectores y otras herramientas, el perro es capaz de seguir partículas de olor que se filtran a través de la nieve, incluso cuando han pasado horas desde la avalancha.

En palabras de los propios efectivos de montaña, esos perros son, desde un punto de vista operativo, la mejor herramienta de búsqueda en un escenario de alud. Sin embargo, internamente, no se les concibe como un recurso más, sino como parte del equipo en mayúsculas, con su propio cuidado, seguimiento y entrenamiento continuado.

Los canes no solo destacan en entornos de avalanchas. Su formación se orienta también a la búsqueda en grandes áreas, algo crucial cuando se trata de localizar a montañeros extraviados, senderistas desaparecidos o personas que han perdido la referencia en días de mala visibilidad. Aunque no siempre trascienden los detalles, muchos de estos casos se resuelven en Europa gracias a unidades de perros adiestrados de forma similar a Unkar.

Aunque la tecnología avanza y se incorporan drones, sistemas de geolocalización y otros dispositivos, el olfato canino sigue siendo insustituible. La capacidad de un perro para percibir olores y discriminar pistas en un entorno complejo como la montaña invernal sigue estando muy por encima de cualquier herramienta técnica disponible hoy en día.

Compañero de trabajo, no simple herramienta

Dentro de los GREIM, la relación con perros como Unkar está marcada por un fuerte vínculo personal. Los guías y rescatadores insisten en que, aunque desde fuera pueda parecer que se trata de una «herramienta de trabajo», en realidad son considerados uno más del grupo. Comparten entrenamientos, desplazamientos y muchas horas en entornos duros, lo que forja una conexión difícil de describir.

Tras la operación en Panticosa, por ejemplo, los equipos no solo se centraron en la recuperación física de los montañeros y del personal humano, sino también en el cuidado específico de Unkar y Balrog. Había que atenderles, resguardarles de las bajas temperaturas y velar por que se recuperaran del enorme desgaste acumulado.

Los rescatadores señalan que para los perros, la mayor fuente de felicidad es encontrar a las personas que buscan, porque eso es lo que les lleva a conseguir su ansiado premio. Ese enfoque lúdico, basado en el juego, es el que permite que afronten intervención tras intervención con entusiasmo, sin cargar sobre ellos la dimensión trágica que a menudo rodea a estas operaciones.

Este modo de trabajo tiene también una lectura emocional para los equipos humanos. Saber que el perro se siente satisfecho al localizar a alguien, aunque el resultado no sea el deseado, ayuda a sobrellevar el impacto de aquellas misiones en las que el desenlace es fatal. De algún modo, el éxito del perro en la búsqueda proporciona un cierto consuelo profesional: se ha hecho todo lo posible y se ha trabajado de la forma más eficaz.

En el día a día, la convivencia es tan estrecha que muchos efectivos llegan a describirlos como un compañero más de patrulla, con sus manías, su carácter y su manera particular de reaccionar ante la nieve, el hielo o el viento. No es raro que, fuera del foco mediático, se hable de ellos con la misma familiaridad que de cualquier otro integrante del grupo.

La trayectoria de Unkar ilustra el valor de estos perros en la seguridad de la montaña en España, especialmente en zonas como el Pirineo, donde cada invierno se registran aludes y situaciones de riesgo. Las historias que trascienden, como la del alud del Pico Tablato, son solo una parte visible de una labor constante de vigilancia, entrenamiento y atención a emergencias que se extiende durante todo el año. En cada salida, estos canes ponen al servicio de la comunidad su olfato, su energía y esa mezcla de juego y disciplina que los convierte en piezas clave para los rescates en nieve.

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