
El perro es un animal que no está programado para estar solo. Ya desde sus orígenes ha convivido siempre en grupos sociales (familias), de los cuales dependía, y depende aún hoy, su bienestar emocional y su felicidad. Pero, debido al ritmo de vida que llevamos, a menudo tenemos que dejarlo en casa ya que no nos queda otro remedio, y es entonces cuando pueden aparecer problemas como que el perro arañe las puertas o provoque otros destrozos.
Aun así, podemos hacer algunas cosas para que se sienta más tranquilo, no note tanto nuestra ausencia y reduzca las conductas destructivas en el hogar. A continuación te explicaré con detalle cómo evitar que mi perro arañe las puertas, qué hay detrás de este comportamiento y qué puedes hacer paso a paso para ayudarle.
Por qué mi perro araña las puertas
Antes de actuar es fundamental entender el origen del comportamiento. El hecho de que tu perro rasque o arañe la puerta suele estar relacionado con emociones intensas como la excitación, la frustración, la ansiedad o el estrés.
En muchos casos, hay algo al otro lado de la puerta a lo que el perro quiere acceder: la persona con la que tiene vínculo, otra estancia de la casa, la calle, un sonido que le llama la atención, etc. Al no poder pasar, intenta cruzar rascando con las patas y, si se mantiene en ese estado emocional, puede llegar a provocar grandes destrozos en puertas y zócalos.
Cuando se trata de ansiedad por separación, el perro entra en una especie de pánico cada vez que sus humanos salen de casa. No es que “no sepa estar solo” por capricho, sino que no se encuentra bien sin tu compañía y busca tranquilizarse con este tipo de hábitos destructivos. En esos momentos, al rascar la puerta lo que intenta es escaparse para poner fin a la situación de malestar.
Algunos perros incluso pueden autolesionarse, haciéndose heridas en las patas o en las uñas de tanto rascar, por lo que es importante no ignorar este problema y abordarlo cuanto antes, siempre desde el respeto y sin castigos.

Aprovecha el tiempo que pases con él
Al perro le encanta estar con su familia, por lo que es conveniente que se aproveche el tiempo que se esté con él. Con esto no me refiero a que estéis los dos en la misma habitación, uno en cada esquina, sino más bien a que haya interacción de calidad: que juegues con él, que os vayáis a pasear, que le dediques caricias y atención, que le hables con calma y afecto… en definitiva, a conseguir que realmente sienta que forma parte de la familia.
Muchos perros que arañan las puertas cuando se quedan solos pasan el resto del tiempo con una atención irregular: a veces mucha interacción y otras veces casi ninguna. Establecer una rutina de contacto diario previsible (paseos, momentos de juego, ratos de calma juntos en el sofá) les ayuda a sentirse más seguros y disminuye la necesidad de llamar la atención de forma desesperada cuando te vas.
Evita también que tu perro pase todo el día aburrido y sin estímulos. Los juegos de olfato, el entrenamiento con refuerzo positivo y los juguetes interactivos refuerzan el vínculo y cubren mejor sus necesidades mentales y sociales, lo que reduce la probabilidad de que descargue su malestar en las puertas o muebles.

Cánsalo antes de marcharte
Un can cansado, que ha hecho ejercicio, es un animal que va a estar mucho más tranquilo. Para ello, lo ideal es llevárselo a correr un ratito si está bien de salud, o hacer un buen paseo con cambios de ritmo, juego y tiempo para olfatear, de forma que llegue a casa más relajado física y mentalmente.
Si es mayor o si tiene algún problema en las articulaciones o en alguna parte de su cuerpo, en casa también se pueden hacer cosas. En las tiendas de animales encontrarás una gran variedad de juguetes interactivos y de inteligencia que sirven para ayudar al perro a pensar. No sólo se divierte mucho, sino que también se cansa bastante, por lo que son muy recomendables para que, cuando te marches, su nivel de activación sea más bajo.
Este tipo de recursos también permiten que el perro asocie el momento de quedarse solo con algo positivo (por ejemplo, recibir un juguete relleno de comida sabrosa justo cuando sales), en lugar de vivirlo como un momento de pérdida y angustia. Eso sí, es importante introducirlos poco a poco y nunca usarlos como única solución si existe ansiedad por separación fuerte.
Además del ejercicio físico, trabaja el cansancio mental: enseñar trucos sencillos, buscar premios escondidos por la casa o practicar pequeñas sesiones de obediencia con refuerzo positivo ayuda a que el perro se relaje y gestione mejor la soledad.

No te despidas de él
Lo sé, esto es muy duro, pero es mejor no despedirse de él de forma efusiva. ¿Por qué? Porque tienes a un peludo que te observa a diario y que sabe bien cuándo te vas a marchar: ve tus rutinas de coger las llaves, ponerte los zapatos, coger el bolso, etc. Si a eso le añadimos unas palabras de despedida llenas de emoción, puede llegar a sentirse muy angustiado.
Para un perro con tendencia a la ansiedad, los rituales de despedida muy marcados convierten la salida en un momento cargado de tensión. Lo más recomendable es que tus idas y venidas de casa sean lo más neutras posible, sin dramatizar, sin abrazos largos ni frases que lo alteren. De esta manera, aprenderá poco a poco que tus salidas son algo normal y que siempre vuelves.
También ayuda mucho practicar ausencias breves y graduadas: salir unos minutos, volver antes de que el perro se ponga nervioso, y alargar el tiempo de ausencia progresivamente. Este trabajo de desensibilización debe hacerse con calma y, si el perro lo pasa muy mal, es recomendable contar con la ayuda de un educador canino especializado en ansiedad por separación.

Cuando regreses, salúdalo con moderación
Una vez que llegues a casa, tienes que estar tranquilo/a para que el can lo note y se calme también. Además, es importante que no se le haga caso hasta que se le haya pasado un poco la euforia, porque de lo contrario será como si le recompensaras por esa excitación desmedida, por lo que al día siguiente se mostrará aún más eufórico al anticipar tu llegada.
Lo más recomendable es entrar, seguir con tus cosas con actitud serena y, cuando veas que el perro empieza a relajarse (se sienta, deja de saltar, respira más tranquilo), entonces sí puedes saludarle con caricias y palabras suaves. De este modo aprenderá que la calma es lo que obtiene tu atención, no los saltos, ladridos o arañazos a la puerta.
Cuando se haya calmado, es aconsejable salir a dar una vuelta. Un paseo después de tu llegada ayuda a canalizar la energía acumulada y refuerza la idea de que tu presencia trae cosas positivas, pero sin asociarse a un estado de ansiedad extrema.
Es importante recordar que los perros expresan sus emociones y necesidades de una forma diferente a la nuestra. Sus comportamientos, aunque a veces nos resulten extraños o molestos, tienen un significado. Por eso nunca debemos castigar ni gritar a un perro que araña la puerta: podría aumentar el miedo, el estrés y, en muchos casos, empeorar el problema conductual.
Si has observado que tu perro está más inquieto de lo habitual, que araña puertas, llora, ladra en exceso o rompe objetos cuando está solo, es muy posible que necesite ayuda profesional. Un etólogo o educador canino podrá valorar el contexto, definir si se trata de ansiedad por separación u otro problema, y diseñar un plan de trabajo personalizado para que tu perro pueda quedarse tranquilo en casa sin sufrir.
Con paciencia, rutinas claras, ejercicio adecuado y un enfoque basado en entender sus emociones, la mayoría de perros pueden aprender a gestionar mejor la soledad y dejar de arañar las puertas, viviendo más tranquilos y seguros junto a su familia humana.
Esperamos que estos consejos te sirvan para evitar que tu amigo arañe las puertas y sea más feliz.