Si es la primera vez que convives con un can es probable que te preguntes cómo saber si tu perro juega o pelea, ¿verdad? Y es que a veces se pueden confundir muy fácilmente estas dos situaciones, sobre todo cuando hay gruñidos, carreras y empujones. ¿Qué hacer en estos casos? ¿Cómo diferenciar el juego de un enfrentamiento real?
En Mundo Perros te vamos a dar la respuesta de forma detallada, analizando lenguaje corporal, sonidos, tipo de contacto físico y cómo reaccionan los perros cuando intervenimos, para que puedas valorar con seguridad lo que está ocurriendo.
Juego

Cuando un perro quiere jugar con otro lo primero que hace es invitarlo al juego. Para ello, se agacha un poco, poniendo los codos de las patas delanteras más o menos sobre el suelo, alza la parte trasera y mueve la cola de un lado a otro. Esta postura se conoce como play bow o reverencia de juego y es una de las señales más claras de que sus intenciones son amistosas.
Su cara mostrará un gesto amigable, con la boca abierta (pero sin enseñar mucho los dientes) y con la lengua a menudo sacada. Además, ladrará, pero serán ladridos muy agudos y cortos, que buscan llamar la atención del animal que tenga delante y expresar emoción positiva.
Si finalmente el otro perro acepta la invitación, se aproximarán de forma rápida pero no violenta. Puede que entonces comiencen a jugar y a darse pequeños mordiscos, y se empiecen a perseguir, e incluso a gruñir, pero siempre de forma amistosa. En el juego los perros emplean lo que se llama autocontrol o auto-restricción: miden la intensidad de sus mordidas y empujones para no hacer daño.
Cuando dos perros juegan, no van a hacerse daño de manera intencionada. Si uno es más grande que otro y lo pisotea sin darse cuenta, el pequeño se quejará y detendrán el juego unos instantes. Es muy habitual que durante una buena sesión de juego haya pausas espontáneas, cambios de roles (uno persigue y luego es perseguido) y momentos en los que uno se tumba panza arriba mostrando el abdomen con la boca abierta y la cola moviéndose, lo que indica confianza y comodidad.
También es normal ver que los perros se muerden el cuello o las patas, pero si están jugando notarás que las mandíbulas están relajadas, sueltan rápido al compañero y los cuerpos se ven blandos y flexibles. Los movimientos son amplios, con saltos, giros y carreras en círculo, y muchas veces hacen estornudos breves que funcionan como meta-señales de juego para dejar claro que todo es diversión.

Pelea

En el caso de que, en vez de jugar, quiera pelear, lo que hará será lo siguiente:
- Mirarlo fijamente con actitud amenazante, sin pestañear, con la cabeza adelantada y el cuerpo rígido.
- Se le erizará el pelo de la mitad inferior de la espalda, cerca de la base de la cola, señal de tensión y posible agresión.
- Puede ladrar, sobre todo si va sujeto con la correa. Serán ladridos graves y profundos, sostenidos y poco variados.
- Puede gruñir de forma insistente, con un tono bajo y continuo, muy diferente a los gruñidos agudos y entrecortados del juego.
- Enseñará los dientes con los labios muy retraídos, mostrando toda la dentadura y manteniendo la boca tensa.
- Y finalmente atacará si tiene oportunidad, dirigiendo las mordidas a zonas sensibles como cuello, cara o patas, sin hacer pausas ni intercambiar roles.
En una pelea real, los perros no alternan quién domina la interacción, no se esperan ni se dan descansos y el cuerpo se ve rígido, sin esos movimientos amplios y fluidos típicos del juego. Un perro que no quiere conflicto intentará apartarse, girar la cabeza, poner la cola baja o entre las patas, y si el otro sigue insistiendo y la tensión aumenta, el enfrentamiento puede estallar.
Es muy importante prestar atención a su lenguaje corporal para evitar el conflicto. Si vemos que mira fijamente a otro perro, que el cuerpo se tensa, que la cola está muy rígida o que deja de responder a nuestras llamadas, nos lo llevaremos de ahí antes de que la situación vaya a más.

Observar de manera habitual cómo juegan y cómo se relacionan nuestros perros con otros nos ayuda a reconocer mejor las señales de calma, las invitaciones al juego y también los primeros signos de tensión. Así podremos permitir juegos sanos y divertidos y, al mismo tiempo, intervenir a tiempo cuando veamos que la energía cambia y existe riesgo de pelea.
Espero que a partir de ahora te sea más sencillo saber si tu perro juega o pelea y que te sientas más seguro a la hora de valorar sus interacciones con otros canes.