Sabemos lo importante que es la buena alimentación para cualquier ser vivo, y lo mucho que necesitan los perros alimento de calidad cuando están creciendo. No obstante, muchas veces los perros son abandonados incluso de cachorros, o sus madres los rechazan y acaban teniendo un bajo peso, por lo que en esos casos debemos intervenir con cuidados específicos para ayudarles a recuperarse.
Tanto si te has encontrado un cachorro abandonado que no ha comido bien, como si tienes en casa uno que no come lo suficiente, debes tener en cuenta la forma de alimentarlos y el entorno que les ofreces. Solo una nutrición adecuada, acompañada de una temperatura correcta, una buena hidratación y una vigilancia constante, hará que tengan un crecimiento óptimo y que no enfermen siendo pequeños. En esta etapa que se encuentren bien alimentados es algo muy importante para evitar el bajo peso y sus complicaciones.
Cuidados básicos de un cachorro con bajo peso

Por un lado debemos consultar al veterinario, puesto que dependiendo de si el perro está muy débil o no, habrá que ingresarlo para que lo alimenten en vena o con soporte más intensivo. Normalmente, si lo tenemos en casa ya vemos si no come y actuamos antes, pero es fundamental que un profesional valore su estado general, descarte enfermedades, parásitos o infecciones y marque un plan de cuidados.
Habrá que consultar sobre el pienso de mayor calidad y que sea adecuado a su edad y tamaño. Los piensos premium son caros, pero a menor cantidad es mayor el aporte de nutrientes frente a otros piensos más baratos. Es por eso que se hará casi necesario comprar estos piensos en su etapa de crecimiento, o bien emplear leches y alimentos específicos formulados para cachorros con necesidades especiales. Habrá que darle pequeñas tomas, tres o cuatro al día, para que vayan asimilando mejor el alimento sin sobrecargar su sistema digestivo.
En los cachorros muy pequeños o huérfanos, durante las primeras semanas de vida se utiliza una dieta de base láctea específica para perros. La leche de vaca o cabra no es adecuada porque su composición es distinta a la de la leche materna canina, por lo que no cubre bien las necesidades y puede causar diarreas. Las leches comerciales para cachorro, administradas con un biberón especial, aportan la energía y los nutrientes que necesitan a la vez que los mantienen hidratados.
Además, es importante pesar al cachorro al menos una vez al día si está muy bajo de peso. El aumento debe ser progresivo y constante. Un neonato sano gana gramos a diario y, aproximadamente, a los 10-15 días debería pesar el doble que al nacer. Si no hay ganancia de peso, o incluso lo pierde, es una señal clara de alarma que exige una nueva revisión veterinaria.
El lugar donde descanse debe ser seguro y confortable. Una caja de cartón o transportín amplio con mantas permite que el cachorro esté acurrucado y protegido de corrientes, evitando caídas desde superficies altas. La limpieza es clave: hay que mantener la zona seca, limpia y libre de restos de orina o heces para reducir el riesgo de infecciones.
Control de la temperatura y del entorno

Los cachorros recién nacidos y de pocas semanas no regulan bien su temperatura corporal, por lo que el ambiente térmico es tan importante como la comida. Durante los primeros días, la temperatura de la zona donde se encuentra el cachorro debe ser relativamente alta para evitar hipotermias, un problema que puede ser mortal en cuestión de poco tiempo.
Como referencia orientativa, la temperatura ambiental puede situarse alrededor de valores cálidos durante la primera semana de vida y luego ir bajando de forma progresiva con el paso de los días, sin llegar nunca a un ambiente frío. Estos animales no son capaces de alejarse por sí mismos de una fuente de calor excesiva ni de un foco de frío, por lo que necesitan vigilancia continua para evitar quemaduras, enfriamientos o golpes de calor.
La temperatura corporal normal de un cachorro en sus primeras semanas suele estar algo por debajo de la de un perro adulto, y no alcanza los valores típicos de un can desarrollado hasta aproximadamente el mes de vida. Además, los neonatos no tiemblan para generar calor y prácticamente no tienen grasa subcutánea, lo que incrementa aún más el riesgo de hipotermia, en especial en camadas pequeñas o en cachorros que se crían solos.
Si el cachorro tiene una temperatura corporal baja, el calentamiento debe ser siempre lento y controlado, realizado a lo largo de una o varias horas con mantas, botellas de agua caliente envueltas en toallas, mantas eléctricas de baja frecuencia o lámparas de calor colocadas a una distancia prudente. Es esencial evitar el contacto directo con las fuentes de calor para no producir quemaduras en la piel delicada del animal.
La observación frecuente del cachorro también ayuda a detectar problemas tempranos. Un llanto continuo, respiraciones irregulares, temblores, falta de reflejo de succión o una clara disminución de la vitalidad son signos que indican que algo no va bien y que requieren una valoración veterinaria inmediata. Cuanto antes se actúe, mayores serán las posibilidades de sacar adelante a un cachorro de bajo peso.
Alimentación detallada según la edad y el estado del cachorro

En los primeros días de vida, el comportamiento normal de un cachorro sano se limita prácticamente a comer y dormir. Deben presentar reflejo de succión cuando se aproximan a la tetina o a un dedo limpio que simule la mama; es decir, tienen que mostrar interés en alimentarse. La ausencia de este reflejo, o un desinterés evidente por la comida, es un dato especialmente preocupante en un cachorro con bajo peso.
Las tomas de biberón deben seguir un horario lo más regular posible. Durante las primeras 24-48 horas de vida, se suelen ofrecer pequeñas cantidades de leche cada pocas horas. Posteriormente, las tomas se espacian un poco, pero en los cachorros con bajo peso se mantiene una frecuencia elevada de alimentación para asegurar un aporte energético continuo. Además, es importante que el cachorro mame en una postura fisiológica, es decir, con el cuerpo boca abajo o ligeramente de lado, nunca boca arriba como un bebé humano, para evitar neumonías por aspiración.
A medida que el cachorro crece, alrededor de la tercera semana se puede empezar a introducir pequeñas cantidades de alimento húmedo muy digestible o pienso de cachorro bien ablandado con agua tibia. El destete debe ser progresivo, combinando la dieta láctea con estas comidas semisólidas y reduciendo poco a poco el número de tomas de leche. El objetivo es que el animal aprenda a lamer y masticar al mismo tiempo que sigue recibiendo la energía necesaria para remontar su bajo peso.
En esta fase también es útil proporcionar proteína de alta calidad y grasas saludables en las cantidades adecuadas, siempre siguiendo las indicaciones del veterinario. Las proteínas de buena calidad favorecen el desarrollo de la masa muscular, mientras que las grasas aportan energía concentrada. Algunos ejemplos frecuentes en la dieta casera supervisada son pequeñas cantidades de carne magra cocida, pescado bien cocido y sin espinas o huevo bien hecho, combinados con hidratos de carbono fáciles de digerir y algo de verdura apta para perros.
En cachorros que ya comen pienso, una estrategia eficaz es dividir la ración diaria en 3 o 4 comidas pequeñas en lugar de dos grandes. De este modo se facilita la digestión, se mejora el aprovechamiento de los nutrientes y se evitan sobrecargas en el aparato digestivo. Pesar al cachorro cada pocos días, o semanalmente cuando ya está más estable, permite ir ajustando la cantidad de alimento para que la subida de peso sea gradual y controlada.
Hidratación, digestión y eliminación

Por otro lado, también hay que cuidar su hidratación, especialmente si han tenido diarrea o vómitos. Incluso podemos ayudar con bebidas isotónicas específicas para animales o, en casos puntuales y bajo recomendación veterinaria, con pequeñas cantidades de bebidas como Aquarius, que los rehidratan mucho mejor que el agua sola al aportar minerales y sales. Hay que cuidar de que se hidraten bastante y de que siempre tengan agua limpia disponible cuando su edad y estado lo permiten.
Para saber si están hidratados, hay que estirar un poco su piel como si la pellizcásemos. Si vuelve rápido al sitio es que están bien hidratados, si no es que necesitan más hidratación. Otros signos de deshidratación son las encías secas, la lengua pegajosa, ojos hundidos o gran apatía. La deshidratación, junto con la hipoglucemia y la hipotermia, es una de las patologías más habituales en cachorros de bajo peso.
En los neonatos que aún no pueden eliminar por sí solos, es imprescindible estimular la micción y la defecación tras cada toma. Para ello se utiliza una gasa o algodón humedecido en agua templada y se masajea con suavidad la zona anogenital hasta que el cachorro orine y defeque, imitando el lamido que realizaría su madre. Este sencillo gesto evita retenciones, molestias abdominales e infecciones de orina o intestinales.
Un cachorro con bajo peso también debe mantenerse limpio y seco. Se pueden emplear toallitas especiales para animales o gasas húmedas para retirar restos de leche, heces o suciedad, secando bien después con una toalla suave. La higiene regular contribuye a prevenir irritaciones de la piel, infecciones y la proliferación de parásitos externos.
Cuando el cachorro ya bebe y come solo, la combinación de un buen alimento, agua fresca siempre a disposición y unos hábitos digestivos regulares ayudará a que gane peso de forma estable, mejore su sistema inmunitario y tenga la energía necesaria para jugar, aprender y relacionarse con su entorno.
Con una alimentación de calidad ajustada a su edad, un entorno cálido y seguro, buena hidratación, control del peso y revisiones veterinarias periódicas, un cachorro con bajo peso tiene muchas posibilidades de recuperarse y convertirse en un perro sano y fuerte; la clave está en la constancia de los cuidados diarios, en atender rápidamente cualquier signo de alarma y en ofrecer siempre cariño y paciencia durante todo su proceso de crecimiento.