Cuando traemos un cachorro o un perro adulto a casa, debemos ir conociendo sus manías, su comportamiento y qué es lo que le gusta hacer. Muchos de ellos se aburren en casa y se entretienen mordiendo tus cosas. Los zapatos son lo más mítico, pero pueden llegar a morder la ropa e incluso los muebles, lo que supone un problema para nosotros y puede ser una señal de que el perro tiene necesidades emocionales o físicas que no están cubiertas.
Si deseas evitar que esto suceda debes atajarlos desde el principio. Dejar que el perro lo haga durante un tiempo y lo tome como un hábito para relajarse y entretenerse hará que nos resulte más difícil a la larga conseguir que deje de hacerlo. Hay que educarlo, tanto si es un cachorro como si es un perro adulto adoptado, teniendo en cuenta que para ellos morder es una conducta natural y necesaria, pero que debemos redirigir hacia los objetos adecuados.
Por qué los perros muerden zapatos y otros objetos

Los perros exploran el mundo a través de sus sentidos y, en especial, de la boca. El olfato, el gusto y el tacto oral les ayudan a conocer lo que pasa a su alrededor. Las distintas texturas de muebles, juguetes, sillones o zapatos resultan muy atractivas, de modo que es normal que mastiquen diferentes tipos de objetos cuando están aburridos, ansiosos o cuando quieren llamar la atención de sus dueños.
La primera pauta es que nunca debemos crear un hábito que no queremos que tenga el perro. Si le damos cosas nuestras, aunque sean viejas, para que las muerda, este pensará que puede morder cualquier cosa que huela a nosotros sin problemas. Así que es fundamental que desde el principio, tanto si es un cachorro como si es un adulto, le ofrezcamos únicamente sus propios juguetes para morder y nunca zapatos o prendas viejas.
Hay que entender que no existe una sola razón por la que un perro muestra un aparente “amor” por los zapatos. En muchos casos, el material del calzado, especialmente el cuero, les recuerda a la comida o a una presa. Los cordones también pueden parecer una presa que se mueve, lo que despierta su instinto de caza y juego. Además, el fuerte olor de nuestros pies hace que el zapato sea un objeto cargado de información olfativa muy interesante para ellos.
Los cachorros, durante sus primeros meses de vida, pasan por un proceso de dentición. Mientras les están creciendo los dientes, sienten malestar en las encías, con dolor y picor, lo que les impulsa a morder todo tipo de texturas para aliviarse. Este comportamiento también puede verse en perros adultos con problemas en las encías o molestias en la boca, que buscan calmar esa sensación a través de la masticación.
En perros que han pasado por etapas de abandono o que sufren ansiedad por separación, robar y morder zapatos puede ser una forma de acaparar la atención de sus dueños o de intentar sentirse más cerca de ellos mediante el olor. No se trata de que quieran “hacer daño” o venganza, sino de que están intentando gestionar su estrés o asegurarse de que sus cuidadores les prestan atención.
Aburrimiento, falta de ejercicio y estimulación mental

El comportamiento de morder y romper cosas suele llegar, en la mayoría de los casos, por el aburrimiento. La energía del perro no se gasta con suficiente ejercicio físico ni con estimulación mental, y tiene que canalizarla hacia algo: muchas veces la enfocan en morder y romper lo que encuentran a su alcance. Es por eso que no sirve de nada reñirles si no atajamos el problema desde la raíz, mejorando su rutina diaria.
Organizaciones especializadas en comportamiento canino y empresas de alimentación animal coinciden en que los perros muerden todo tipo de cosas para liberar energía acumulada. Esta acción, bien dirigida hacia los objetos adecuados, es completamente saludable y beneficiosa para su desarrollo, porque les ayuda a relajarse y a disminuir el estrés. El problema aparece cuando toda esa necesidad de masticar se dirige hacia objetos personales como zapatos, ropa o muebles.
Cuando un perro se aburre, es muy probable que busque cómo entretenerse y desarrolle comportamientos inadecuados como mordisquear muebles, zapatos o calcetines. Esto ocurre con mayor frecuencia cuando el perro pasa mucho tiempo solo en casa, con poca interacción, pocos paseos y sin juegos que supongan un reto. En estos casos, destrozar cosas se convierte en una manera de autoestimularse y, en algunos perros, incluso en una especie de “adicción” porque morder activa la liberación de endorfinas, sustancias relacionadas con el placer.
También influye la falta de ejercicio, estrechamente relacionada con el aburrimiento. Muchos perros no se ejercitan lo suficiente, especialmente los de razas grandes o muy activas. No basta con un paseo muy corto; necesitan caminatas más prolongadas, oportunidades para correr, oler, investigar el entorno y socializar con otros perros. Un perro que no gasta su energía física buscará alternativas para hacerlo, y el destrozo de objetos de casa está entre las más habituales.
En perros adultos que siguen destrozando cosas más allá de la etapa juvenil, suele haber una combinación de falta de límites claros y carencia de una rutina adecuada. En muchos casos, los perros no han aprendido la diferencia entre lo que pueden o no pueden morder, o bien no tienen la posibilidad de desarrollar sus comportamientos naturales (explorar, seguir rastros, jugar, relacionarse), de modo que vuelcan toda su energía en el ambiente inmediato, es decir, en los objetos que tienen a su alcance.
Algunos perros que se quedan solos durante muchas horas asocian la acción de morder zapatos con una forma de aliviar la ansiedad que les produce la ausencia de sus dueños. No lo hacen por venganza ni por “portarse mal”, sino porque esa conducta les permite gestionar emociones que no saben canalizar de otra manera y, además, les proporciona una intensa estimulación sensorial gracias al olor y la textura del calzado.
Cómo enseñar a tu perro a no morder tus cosas

Lo que hay que hacer fundamentalmente es cansar al perro y darle otros estimulantes. Un juguete tipo Kong para que se entretenga buscando su premio, una jornada buscando premios por la casa o en el campo, un día de juegos interactivos… Un perro que se ejercita física y psicológicamente es un perro más equilibrado que tendrá muchas menos probabilidades de morder las cosas de casa.
Para evitar que este comportamiento se consolide, es esencial redirigir la conducta. Cuando veas que tu perro está agarrando algo inapropiado, puedes usar una señal verbal corta, como un “¡No!” firme (sin gritar ni asustarlo en exceso), retirar el objeto con calma y ofrecerle a cambio uno de sus juguetes adecuados. En cuanto el perro muerda su juguete, es importante felicitarlo y, de vez en cuando, ofrecerle una pequeña recompensa. Así aprende que morder sus cosas tiene consecuencias positivas y que tus zapatos son “aburridos”.
Un enfoque muy útil consiste en hacer que lo prohibido parezca sin interés y lo permitido resulte muy atractivo. Si sorprendes a tu perro con un zapato en la boca, acércate de forma lateral, sin mostrar emociones intensas, retira el zapato de manera neutral y, de inmediato, preséntale un juguete con el que puedas jugar activamente. De esta manera, el zapato pierde valor y el juguete se convierte en una fuente de diversión y atención.
Es recomendable enseñar órdenes básicas como el “suelta”. Primero se pide que suelte el objeto inadecuado (disciplina), luego se le ofrece juego o un pequeño paseo (ejercicio) y finalmente se le da afecto. Esta secuencia de disciplina, ejercicio y cariño ayuda al perro a comprender mejor la lógica de convivencia con los humanos y a anticipar qué se espera de él en cada momento.
Otro aspecto importante es no reforzar sin querer las conductas indeseadas. Algunos perros que han sufrido abandono o que se sienten muy inseguros pueden morder zapatos para llamar la atención. Si cada vez que destrozan algo reaccionamos con grandes muestras de enfado, gritos o persecuciones por la casa, en muchos casos el perro termina interpretando que así consigue interacción con sus dueños, incluso aunque sea negativa. Por eso conviene mantener la calma, actuar de forma coherente y ofrecer siempre una alternativa adecuada.
Además de corregir en el momento, es recomendable dedicar unos minutos antes de salir de casa a jugar y mimar a tu perro, para reducir el aburrimiento y la tentación de coger tus cosas. Dejarle juguetes interactivos, mordedores duraderos o premios escondidos ayuda a que tenga una ocupación positiva mientras está solo y disminuye la probabilidad de que se centre en tus zapatos.
Juguetes adecuados, límites claros y prevención
Una de las claves para que el perro no muerda zapatos ni ropa es ofrecerle alternativas que satisfagan su necesidad de juego y masticación. Los juguetes resistentes de goma, los juguetes de tela específicos para perros y algunos materiales naturales como palos o piñas (siempre supervisados) pueden ayudar mucho. Es recomendable que el perro tenga al menos varios juguetes con diferentes texturas para entretenerse y evitar que se aburra de ellos rápidamente.
Lo ideal es que desde cachorro aprenda que debe respetar los objetos que no le pertenecen y que cada miembro de la familia tiene su espacio y sus cosas. El límite lo marcas tú como su guía. Nunca uses zapatos viejos, calcetines o ropa como juguetes, ya que para el perro será imposible distinguir por qué algunos zapatos sí se pueden morder y otros no. Siempre que tome un zapato, regáñalo de forma breve, ofrécele uno de sus juguetes y, cuando juegue con él, refuerza la conducta con palabras amables, caricias o premios.
La prevención también pasa por gestionar el entorno. Guardar los zapatos en un lugar al que el perro no tenga acceso, cerrar puertas de habitaciones o usar organizadores altos reduce la tentación y facilita el aprendizaje. A la vez, hay que asegurarse de que el perro cuenta con un espacio propio (su cama, su habitación o su caseta) donde tenga sus juguetes disponibles para recurrir a ellos cuando necesite morder algo.
En cachorros, la educación empieza el mismo día que llegan a casa. Aunque sean pequeños, tienen todas las herramientas para aprender límites. Muchos aprenden la inhibición de la mordida con sus hermanos: cuando muerden demasiado fuerte, el juego se detiene y reciben una queja. En casa puedes imitar este mecanismo: si el perro coge algo que no debe o te muerde la mano con fuerza, di un “no” claro, detén el juego e ignóralo unos segundos hasta que se calme. Así aprenderá que para seguir jugando debe controlar su mordida.
En perros mayores, si la tendencia a destrozar continúa, conviene revisar si su rutina cubre todas sus necesidades de actividad y, en casos graves, consultar con un etólogo o adiestrador profesional. Algunos perros desarrollan comportamientos compulsivos por falta de estímulos o por problemas emocionales profundos. Una correcta educación temprana, una buena socialización y una vida rica en experiencias compartidas con la familia son la mejor base para que tu perro deje de ver tus zapatos como el mejor juguete del mundo.
Con paciencia, coherencia y una rutina bien planteada, la mayoría de los perros aprenden a dirigir su necesidad natural de masticar hacia juguetes apropiados y dejan de interesarse por tu calzado, logrando una convivencia mucho más tranquila y respetuosa en casa.