Son muchos los perros que acaban dejando el jardín lleno de agujeros, como si estuviésemos ante una excavación arqueológica. A muchos dueños puede parecerles divertido ver al perro escarbar, aunque en general a nadie le gusta que el animal acabe con la belleza del jardín excavando cada día. Sin embargo, antes de enfadarnos es fundamental conocer las razones reales por las que los perros hacen agujeros en el jardín y qué podemos hacer para gestionar esta conducta sin castigos innecesarios.
Que el perro haga agujeros en el jardín puede no ser algo malo en sí mismo. Evidentemente, si no nos gusta que lo haga, tendremos que ponerle remedio, dándole otros entretenimientos apropiados o tratando de educarlo cuando lo está haciendo. Pero esta es otra historia, ya que ahora queremos saber por qué se ponen a hacer agujeros como si fuese lo más interesante del mundo, qué riesgos puede tener y en qué casos conviene intervenir de forma más seria.
Instinto natural y razas más excavadoras

Hay muchas razas que ya están predispuestas a realizar este trabajo. Razas que, por ejemplo, se utilizan para la caza de pequeños animales, pueden pasarse el día buscándolos bajo tierra al más mínimo ruido u olor, porque tienen un instinto de presa muy marcado. Es el caso de muchos Terriers, Teckels y sabuesos, que han sido seleccionados durante generaciones para perseguir presas bajo tierra y, por tanto, encuentran extremadamente gratificante cavar.
Otros perros, como el Husky Siberiano y razas que suelen vivir en el exterior, cavan porque es su forma natural de hacerse un refugio. Para ellos, la tierra está fresca en verano y les proporciona calor y cobijo en invierno cuando nieva, así que es algo así como prepararse una cama aislante. Esta búsqueda de confort puede darse también en perros mestizos o de otras razas, sobre todo si pasan muchas horas al aire libre.
Además del componente racial, influye el entorno del perro. Algunos animales apenas cavan nunca, mientras que otros lo hacen constantemente. Esta diferencia suele estar relacionada con la educación recibida, el nivel de ejercicio y la estimulación mental que tenga el perro, más que con la raza de forma aislada. Un perro muy activo, con poco que hacer, tenderá a buscar por sí mismo actividades como excavar.
Enterrar objetos, jugar y explorar olores

En otros perros, puede aparecer el instinto de guardar sus cosas, por lo que entierran juguetes e incluso comida. En estos casos veremos la tierra removida, no solo los agujeros profundos, y si buscamos seguro que hallaremos alguno de sus tesoros escondidos. Este comportamiento forma parte de un instinto de preservación, ya que en la naturaleza esconderían recursos para recuperarlos más tarde.
Muchos perros también cavan por puro juego y curiosidad. Notan un olor interesante, escuchan insectos o pequeños animales bajo el césped, o simplemente descubren que escarbar resulta una actividad muy entretenida. En estos casos, los agujeros suelen estar distribuidos de forma aleatoria por el jardín, sin un patrón claro, porque el perro explora diferentes puntos a la búsqueda de estímulos.
Otras veces, el objetivo del perro es escapar o investigar lo que ocurre fuera del terreno. Algunos canes empiezan a cavar junto a la valla para intentar salir a perseguir una presa, jugar con otros perros del vecindario o llegar hasta una hembra en celo. Si detectas que la mayor parte de los agujeros se concentran en la zona cercana al vallado, es probable que esté intentando ampliar su territorio o huir de algo que teme.
Regular la temperatura y buscar refugio
Aunque no lo creas, esta práctica puede servir a los perros para regular su temperatura corporal. El agujero que queda puede resultar muy fresco en verano y más aislante en épocas frías. Para muchas razas que viven al aire libre, cavar es la forma más efectiva de conseguir un lugar donde protegerse del sol, el viento o la lluvia, e incluso de amortiguar ruidos que les asustan.
Algunos perros cavan alrededor de su cama o zona de descanso para hacerla más cómoda. Rascar, girar sobre sí mismos y excavar ligeramente son conductas heredadas de sus antepasados, que acondicionaban el terreno antes de tumbarse. Cuando el perro no encuentra un sitio adecuado o pasa calor, puede intensificar este comportamiento y terminar haciendo un hoyo en la tierra para tumbarse dentro.
Ansiedad, estrés y falta de ejercicio
El peor caso es cuando los perros realizan agujeros por pura ansiedad. Son nerviosos y no realizan todo el ejercicio físico que debieran porque sus dueños no se lo proporcionan sacándolos a pasear, y por eso hacen otras actividades físicas, como morder y romper cosas y hacer agujeros. En estos casos debemos tratar de darle otro entretenimiento para que se cansen, tanto físico como mental.
Cuando el perro pasa muchas horas solo, aburrido y sin supervisión en el patio, cavar puede convertirse en una vía de escape al aburrimiento y a la energía acumulada. En algunos animales, sobre todo si además sufren ansiedad por separación, la excavación puede ir acompañada de ladridos, lloriqueos, jadeo intenso o deambular de un lado a otro justo antes de que el tutor se marche de casa.
En estas situaciones, el objetivo principal no es solo proteger el jardín, sino mejorar el bienestar emocional del perro. Es fundamental revisar si hace suficiente ejercicio diario (al menos paseos activos y juego interactivo) y si dispone de estímulos como juguetes inteligentes, comederos interactivos o sesiones de adiestramiento que le ayuden a canalizar su energía y reducir el estrés.
Riesgos de la conducta de excavar
Aunque cavar es una conducta natural, no está exenta de riesgos. En algunos jardines puede haber cables eléctricos enterrados, tuberías de agua u otras instalaciones que el perro puede dañar al excavar. Se han dado casos de perros que se han electrocutado o que han provocado roturas de tuberías, inundaciones y otros problemas domésticos al insistir en una zona concreta del terreno.
También es posible que el perro entre en contacto con productos químicos del jardín, restos de basura enterrada o incluso plagas que vivan bajo tierra. Por este motivo, aunque no se pueda ni se deba eliminar por completo la conducta de excavar, sí es recomendable dirigirla a zonas seguras y controlar qué hay bajo la superficie de las áreas donde el perro tiene acceso.
Cómo reducir los agujeros en el jardín de forma respetuosa
En la mayoría de los casos, cavar es un comportamiento natural. Lo más importante es asegurarse de que el perro está bien cuidado a nivel físico y emocional. Debe tener suficiente comida de calidad, un entorno adaptado al clima, un lugar cómodo para dormir y visitas periódicas al veterinario. Una vez cubiertas estas necesidades básicas, es más fácil trabajar sobre la conducta de excavar.
Cuando la causa es el aburrimiento o el exceso de energía, conviene aumentar el ejercicio físico regular (paseos, juegos, actividades de olfato) y ofrecer juguetes nuevos o rotatorios para mantener su interés. En muchos perros, un buen plan de actividad diaria reduce de forma notable la necesidad de cavar agujeros en el jardín.
Otra estrategia útil es asignar una zona específica para cavar. Puedes escoger un rincón del jardín, suavizar la tierra o poner arena y enterrar allí sus juguetes o premios favoritos. Luego, lleva al perro a ese lugar, utiliza una orden como “cavar” y felicítalo cuando excave en esa zona permitida. Si empieza a hacerlo en otro sitio, redirígelo con calma hacia el área adecuada.
En lugar de reñir constantemente, es recomendable enseñar órdenes básicas de obediencia como “déjalo” o una llamada fiable, para poder interrumpir la conducta y ofrecer una alternativa (un juego, un paseo, un juguete interactivo). La clave está en la constancia y el refuerzo positivo, evitando castigos que solo generan miedo y pueden empeorar la ansiedad.
A veces, apoyar el control ambiental con pequeños trucos ayuda a que el perro respete ciertas zonas delicadas. Repelentes de olor suave y seguros, barreras físicas temporales o plantas poco atractivas para los perros pueden complementar la educación, siempre priorizando el bienestar del animal.
Comprender que cavar forma parte de la naturaleza del perro, identificar la causa concreta en cada caso y combinar más ejercicio, estimulación mental y educación amable permite conservar el jardín en buen estado sin renunciar a que nuestro compañero canino exprese sus comportamientos instintivos de manera controlada y segura.