Son muchos los perros que son nerviosos, o que se ponen en alerta por determinadas circunstancias. Todo esto puede derivar en ansiedad y problemas de comportamiento. Un nivel bueno de actividad es positivo para ellos, ya que están activos, se mueven y disfrutan, pero el nerviosismo no debe terminar en una ansiedad que no sepan gestionar, y por eso habrá que practicar la calma con ellos.
Hay perros en los que parece casi imposible el poder practicar la calma, pero debemos hacerlo en muchas situaciones y a lo largo del día, siempre que podamos. Con el tiempo nos daremos cuenta de que el perro ya no cuenta con tanta ansiedad. Hay algunas ideas simples que pueden ayudarnos aunque no tengamos nociones de adiestramiento.
Por qué es tan importante la calma en los perros

Un perro en un estado de estrés o sobreexcitación no está en las mejores condiciones para tomar decisiones adecuadas. Cuando el cuerpo está alterado (palpitaciones, respiración rápida, tensión muscular) aumenta la probabilidad de que aparezcan respuestas impulsivas como ladridos excesivos, tirones de correa, saltos o incluso reacciones agresivas.
La ciencia ha mostrado que, con un nivel de excitación demasiado alto, algunas neuronas cambian su función y pasan de participar en la toma de decisiones a dedicarse a gestionar esa excitación corporal. Esto significa que el perro, literalmente, tiene menos recursos cognitivos disponibles para comportarse de forma adecuada. En cambio, un perro que ha ensayado muchas veces la calma puede regular mejor sus emociones cuando algo le asusta o le activa.
Por eso, enseñar y practicar la calma no significa eliminar el juego o la diversión, sino ayudar al perro a subir y bajar sus niveles de activación con facilidad. La clave es que pueda disfrutar de momentos de juego intenso, pero que después sea capaz de recuperar la tranquilidad sin bloquearse ni desbordarse.
Actividad física, juegos y gestión de la excitación

La actividad de perseguir la pelota o juguetes los altera más, debido a que saca su instinto de caza. En este caso, si deseamos mantenerlos distraídos y que no lleguen a ponerse nerviosos, podemos orientar la actividad hacia el olfato. Los juegos de búsqueda con el olfato son mejores, puesto que requieren su concentración y esto los serena. Los juegos más activos son mejores para el inicio del día, y los otros para la tarde, de forma que se muestren más serenos al llegar a casa.
Casi todas las personas saben cómo activar a un perro: correr, tirar de la cuerda, lanzar la pelota sin parar… pero pocas saben cómo ayudarle a bajar revoluciones. Si nuestros mejores momentos juntos siempre se basan en actividades muy excitantes, luego necesitaremos trabajar mucho más la desconexión para que pueda relajarse.
Para fomentar la calma, es muy útil introducir actividades relajantes como vaciar un Kong, juegos de olfato con comida dispersa por el suelo o rompecabezas interactivos sencillos que pueda resolver sin demasiada activación física. Estas propuestas permiten que el perro practique un comportamiento tranquilo mientras obtiene una recompensa agradable.
Además, conviene ofrecer momentos de no hacer nada. Muchos perros, igual que los niños, pueden sobreexcitarse y no saber parar por sí mismos. Crear ratos diarios sin estímulos, sin juego ni demandas, aumenta la probabilidad de que el perro decida echarse a descansar y aprenda que también es seguro y agradable estar calmado.
Recuerda que un perro necesita muchas horas de sueño al día (a menudo entre 12 y 16 sumando noche y siestas). Un perro cansado pero sobreexcitado, que no descansa bien, tendrá más dificultades para gestionar la frustración y el entorno, y mostrará más conductas nerviosas.
Caricias, estado de ánimo y transmisión de serenidad

Si lo acariciamos, debemos transmitirle serenidad. Está comprobado que si masajeamos al perro y lo acariciamos de forma serena, con movimientos largos, esto los relaja mucho. Es diferente si lo acariciamos dando palmadas, ya que es como una señal para que se activen. Nuestro propio estado de ánimo se lo transmitimos al perro, y por ello, si queremos que el perro se encuentre tranquilo, lo primero es que nosotros estemos también serenos.
Las caricias lentas en zonas como el cuello, el pecho o a lo largo del lomo ayudan a que baje la tensión muscular y regulan poco a poco la respiración. Podemos acompañarlas con una voz suave y un ambiente sin sobresaltos, evitando juegos bruscos o movimientos rápidos cuando buscamos que el perro se calme.
También es importante observar si el perro muestra incomodidad con el contacto: bostezos repetidos mientras lo tocamos, girar la cabeza, lamerse el hocico o apartarse son señales de calma que indican que necesita más espacio. Respetar estos gestos fortalece la confianza y evita que el perro se sienta atrapado o más nervioso.
Capturar y reforzar las conductas de calma

Una forma muy eficaz de enseñar a un perro a relajarse es reforzar la calma espontánea. Cada vez que veas a tu perro tumbado, tranquilo y relajado, puedes acercarte, decir una palabra asociada a ese estado (por ejemplo, «relax» o «tranquilo») y ofrecerle un premio de bajo valor, como un granito de pienso o una galleta sencilla.
Es importante que el perro esté realmente relajado y no simplemente agotado después de un paseo intenso. Lo que buscamos es que asocie la sensación de calma con algo agradable y que, poco a poco, empiece a ofrecer esta conducta por iniciativa propia. Cuanto más la practique, mejor sabrá cómo entrar en ese estado cuando se lo pidamos.
En este ejercicio no es necesario hablar mucho ni usar un tono excitante. Bastará con una señal breve y un gesto tranquilo. Si al darle la comida el perro se activa demasiado, solo hay que esperar pacientemente a que vuelva a tumbarse y relajarse antes de ofrecer de nuevo el refuerzo.
Es fundamental también revisar qué estamos reforzando sin darnos cuenta. Si solo atendemos al perro cuando ladra, salta o demanda de forma insistente, esa será la conducta que se fortalezca. En cambio, si empezamos a prestar más atención a los momentos en los que está tranquilo, tumbado o esperando de forma educada, la calma se convertirá en la opción más rentable para él.
Un perro que no tiene sus necesidades básicas cubiertas (paseos de calidad, descanso, socialización, juego moderado, buena alimentación) difícilmente será un perro realmente tranquilo. Y, de la misma forma, tutores muy nerviosos suelen tener perros más inquietos: el perro es a menudo un reflejo del estado emocional de su familia humana.
Espacios seguros, habituación y manejo del ruido

Si sabes que el perro se pone nervioso por alguna situación, ya sea por el ruido del tráfico o ruidos fuertes, la exposición paulatina y controlada hará que con el tiempo esto no lo altere tanto. Es la habituación lo que le ayudará a mostrarse más sereno frente a cosas que le asustaban.
Los perros tienen un oído muy sensible, capaz de percibir sonidos que nosotros apenas notamos. Por eso, ruidos inesperados como truenos, fuegos artificiales o petardos pueden interpretarse como una amenaza y provocar respuestas intensas de miedo y huida. Algunas razas especialmente alerta y sensibles pueden mostrar todavía más ansiedad en estas circunstancias.
Para ayudarles, es muy útil crear un espacio seguro en casa. Observa dónde tiende a refugiarse cuando está asustado (debajo de una cama, en una habitación concreta) y refuerza ese lugar con su cama, mantas suaves y quizá algún juguete que le guste. Es preferible que sea el propio perro quien elija este rincón para que lo asocie con seguridad y confort.
En ese espacio puedes atenuar la luz con cortinas y usar sonidos suaves de fondo (música tranquila, ruido blanco) para amortiguar los ruidos del exterior. Algunos tutores utilizan también difusores con sustancias calmantes o aromas seguros para perros, siempre con supervisión profesional cuando sea necesario.
La exposición controlada a los ruidos que le asustan, siempre en volúmenes muy bajos al principio y subiendo muy poco a poco, ayuda a que el perro deje de asociarlos con peligro. Este tipo de trabajo debe hacerse con paciencia y respeto, sin obligarle nunca a enfrentarse a un nivel de ruido que no puede manejar.
Cuando combinamos actividad física adecuada, juegos de olfato, caricias serenas, refuerzo sistemático de la calma y una buena gestión del entorno, el perro aprende a vivir con menos estrés y más equilibrio. Practicar la calma cada día, en pequeños detalles, hará que poco a poco tu compañero pueda tomar mejores decisiones, descansar mejor y disfrutar más de la convivencia en casa y fuera de ella.